Escrito por: 360°, Israel Hurtado, Nacional, Opinión

Poder absoluto

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Si México no reconoce los errores cometidos en su historia, en torno al poder absoluto está condenado a repetirlos, dice Israel Hurtado

Israel Hurtado
Abogado especialista en energía

Recientemente, el presidente mencionó la posibilidad de que los organismos autónomos sean absorbidos por las secretarías de Estado o por la Administración Pública Federal (APF). En este contexto, considero pertinente recordar cómo se manejaban en el pasado algunos temas estratégicos para el desarrollo nacional.

Situémonos en octubre de 1968 cuando sucedió la matanza de Tlatelolco, terrible hito en la historia moderna de México. En este año, el régimen aún vivía su época dorada: el “PRI-Sistema” se resistía a reconocer los triunfos de la oposición y dominaba -con una abrumadora mayoría- el Senado y la Cámara de Diputados.

También controlaba, desde la presidencia, a los medios de comunicación. Todos los gobernadores militaban en el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y además, la Secretaría de Gobernación (Segob) era quien organizaba las elecciones -por supuesto, el PRI las ganaba todas-. A eso se le llamaba “carro completo”. En esa época no había contrapesos y las consecuencias de ese poder absoluto las vivimos hasta nuestros días.

Autonomía

Probablemente, los millennials no conocen todas estas historias del régimen que gobernó México durante 70 años ininterrumpidos con; “administración de la riqueza” producto de la abundancia petrolera -y luego la pérdida de la bonanza-; inflación y tipo de cambio descontrolados; majestuosos informes presidenciales en el Congreso, donde desde su tribuna el entonces presidente José López Portillo, en un solo acto, lloró por los pobres y decretó la nacionalización bancaria. No había una fiscalización independiente de los recursos públicos, ni transparencia o rendición de cuentas, como tampoco existían los organismos autónomos como el Instituto Nacional Electoral (INE), Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (Inai), Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece), Instituto Federal de Telecomunicaciones (Ifetel) o la Comisión Reguladora de Energía (CRE).

La dictadura perfecta

En un encuentro literario organizado en 1990 por la Revista Vuelta de Octavio Paz, el escritor Mario Vargas Llosa definió a este rágimen como la “dictadura perfecta” y Enrique Krauze lo calificó como una “dictablanda”; incluso Krauze escribió un libro titulado “La presidencia imperial”.

El régimen priísta le reconoció su primer triunfo a la oposición en una gubernatura en 1989, en Baja California; Ernesto Ruffo, del Partido Acción Nacional (PAN) fue el primer gobernador emanado de un partido distinto al PRI y, a nivel presidencial, lo fue Vicente Fox en el año 2000.

Con todos los avances democráticos, es increíble que aún hoy, existen algunos estados de la República Mexicana que no conocen la alternancia en el poder; ya que siempre han tenido gobernadores del PRI, como Coahuila y el Estado de México, por citar dos ejemplos. Si no reconocemos los errores cometidos en nuestra historia, estamos condenados a repetirlos. Por ello sería un retroceso volver a tener un gobierno con un poder absoluto; en un país con una incipiente democracia que tiene que madurar, al igual que sus instituciones.

Los equilibrios, contrapesos y alternancias son necesarios para fortalecer nuestras instituciones, lograr un mejor gobierno y finalmente consolidar nuestra democracia.

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