Escrito por: 360°, Israel Hurtado, Nacional, Opinión

A la memoria de Alonso Lujambio

ALONSO LUJAMBIO

De haber llegado a la presidencia, con Alonso Lujambio se hubieran fortalecido las bases de la República Mexicana, opina Israel Hurtado, presidente de la AMH

Israel Hurtado
Fundador y presidente de la Asociación Mexicana de Hidrógeno

Leí un interesante artículo de mi paisano Javier Treviño titulado “Colosio”, publicado en el portal SDPnoticias. El artículo de Javier me animó a escribir el siguiente texto dedicado a la memoria de Alonso Lujambio.

Conocí a Alonso en un desayuno en el Camino Real de la colonia Anzures, no recuerdo bien la fecha, pero yo diría que fue en el 2009. Me lo presentó su hermano Chema Lujambio, quien entonces, era el director jurídico de la Comisión Reguladora de Energía (CRE) y yo comisionado.

Tuvimos un desayuno muy agradable, donde intercambiamos puntos de vista sobre la vida política nacional y nuestra afición por los “panzas verdes” del León y a los “rayados” de Monterrey, respectivamente, (obviamente yo le voy a “rayados”).

Alonso, entonces titular de la Secretaría de Educación federal, ya era mencionado como un posible precandidato del Partido Acción Nacional (PAN) a la presidencia de la México. Nos despedimos y quedamos en seguir conversando sobre diversos temas, entre ellos su posible campaña presidencial.

 

Recuerdo que un día me invitó a conocer su oficina en el Centro Histórico, me mostró el escritorio que había ocupado José Vasconcelos y también los pasadizos secretos de dicho recinto. Posteriormente, nos fuimos a comer al Centro Castellano que se encuentra en la calle de República de Uruguay. Siempre era un gusto comer con Alonso.

Lo acompañé un par de veces a Monterrey, en una de ellas comimos con el grupo de los diez de Monterrey; me pidió que identificara a los empresarios, pues, aunque los conocía de nombre, no había tenido el gusto de ser presentado en persona.

El PAN eligió a Josefina Vázquez Mota como su candidata a la presidencia. Recuerdo que Alonso me llamó y lo noté entre dolido y encabronado. Me dijo que la decisión la habían tomado, “al parecer”, por unas encuestas que se mandaron a hacer. Hasta ahí llegó la ilusión.

Un día me regaló un borrador del primer capítulo de un libro que estaba escribiendo en esa época titulado: “Christlieb. Una biografía política”. Adolfo Christlieb Ibarrola fue ideólogo del PAN y presidente de su comité ejecutivo nacional en 1962.

Me pidió que le echara un ojo al borrador y le diera mi opinión. Ya no le pude hacer mis comentarios. Recuerdo bien el día que le llamaron para darle los resultados de un examen médico que se había realizado; estábamos comiendo en el Centro Castellano, cuando su jefe de escoltas del Estado Mayor entró al restaurante y le dio el celular para que atendiera la llamada. En ese momento Alonso se despidió apesadumbrado y abandonó el lugar.

Cáncer en la médula ósea, ese fue el diagnóstico. Desde aquel día solo intercambié mensajes con él, estuvo internado en el Hospital de Nutrición y posteriormente, en un Hospital en Estados Unidos. Cuando nos escribíamos, a veces lo notaba entusiasmado y esperanzado en que los tratamientos que le estaban administrando funcionarían y desterrarían ese terrible cáncer, pero otras, lo notaba muy apagado.

Fue vencido por la enfermedad cuando recién había ocupado su curul como senador de la República. Ya se ha escrito sobre la personalidad y talento de Alonso. De hecho, hay un texto magnífico de Enrique Krauze que se titula “La desventura de Alonso”, publicado en la revista Letras Libres. Como bien lo describe el autor, Alonso parecía un noble florentino, porque reflejaba gallardía y nobleza con una mezcla de temple y valentía.

Lamenté su partida. No solamente por la calidad de ser humano que perdimos, sino también porque no llegó a ser presidente de México como lo deseaba. Estoy seguro de que hubiera sido un extraordinario mandatario. Era talentoso, preparado e inteligente, y veía más allá de lo actual, pero atendía con eficacia lo inmediato.

En el 2011 me regaló un libro que escribió titulado “La democracia indispensable”, en el cual analiza la historia del PAN entre 1939 y 2000; reúne ocho ensayos que retratan el dilema histórico de la estrategia de Acción Nacional sobre “cómo democratizar la política mexicana en un campo minado, lleno de obstáculos, callejones sin salida, fraude, trampas”.

Como dijo Krauze “los panistas deberán estudiar sus textos para recobrar el rumbo político y moral que les hace tanta falta”. Sí, estoy de acuerdo, pero no solamente los panistas, en estos tiempos en los que la oposición parece perdida en el mar sin carta de navegación, sin timón y sin algún faro que les indique el camino, es cuando más nos hacen falta personas del nivel intelectual y moral de Alonso.

Vuelvo al artículo de Javier. ¿Qué hubiera sido de México si Colosio hubiese sido presidente? ¿El sistema lo hubiera dejado gobernar con independencia como lo desliza Javier en su texto? ¿La transformación del PRI-sistema y por ende del país se habría concretado? ¿Qué hubiera sido de México si Alonso hubiese sido su presidente?

Les aseguro que las bases de la República en diversas materias se hubieran fortalecido, de tal manera que no sería sencillo derrumbarlas. Cimientos sólidos que llevarían al país a buen puerto, mirando al futuro y no al pasado.

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