La bioenergía se posicionó como uno de los ejes del debate sobre la transición energética en México durante la Feria de Energía e Innovación para la Transformación y el Bienestar, organizada por la Secretaría de Energía (Sener), en la Ciudad de México. En la ponencia “Cadenas de valor en la bioenergía: oportunidades y retos”, especialistas del sector público expusieron el potencial de esta fuente renovable, pero también los límites que enfrenta para escalar a nivel industrial.
El subsecretario de Hidrocarburos de la Sener, Juan José Vidal Amaro, y el subdirector de Energías de Petróleos Mexicanos (Pemex), Guillermo Lastra, coincidieron en que la biomasa puede contribuir a diversificar la matriz energética, aunque su desarrollo depende de resolver cuellos de botella en producción, logística e innovación tecnológica.
La discusión partió de una idea central: la transición energética no será inmediata. En el contexto actual, los hidrocarburos continúan sosteniendo buena parte del consumo energético, por lo que el cambio hacia fuentes más limpias se plantea como un proceso gradual.
“La transición es un camino de pasos sucesivos […] en el que siguen siendo todavía los hidrocarburos los grandes sostenedores de los consumos energéticos mundiales e irnos transitando cada vez más a una economía descarbonizada”, señaló Vidal Amaro.
Bajo esta lógica, los biocombustibles aparecen como una alternativa disponible, aunque su despliegue exige planeación, inversión y coordinación entre actores públicos y privados.
Biomasa: potencial técnico con condiciones
En el plano técnico, la bioenergía fue explicada como una forma de energía almacenada en materia orgánica, lo que le permite complementar otras renovables:
Al introducir este enfoque, Lastra planteó: “Cada vez que vemos una hoja verde, vemos la primera refinería del planeta operando silenciosamente […]. La bioenergía es una forma de almacenamiento natural de la energía solar […] la biomasa entrega energía química densa, transportable y compatible con la flota actual”.
Aun así, el potencial depende de las rutas tecnológicas. Las opciones basadas en cultivos agrícolas pueden generar tensiones con la producción de alimentos, mientras que las alternativas más avanzadas, como residuos o microalgas, aún enfrentan retos de desarrollo e inversión.
Pemex y la adaptación de su infraestructura
Desde la visión industrial, el enfoque apunta a aprovechar la infraestructura existente y adaptarla a nuevos procesos. Esto incluye tecnologías para transformar aceites, grasas o alcoholes en combustibles, especialmente en sectores donde la electrificación es más compleja.
“La transformación energética no consiste en desplazar nuestro legado industrial, sino en evolucionarlo inteligentemente […] al integrar la fortaleza de nuestra infraestructura con proyectos renovables financieramente viables”, subrayó el directivo de Pemex.
La apuesta, en este sentido, busca reducir emisiones sin romper de manera abrupta con las capacidades actuales del sistema energético.
El desarrollo de la bioenergía está estrechamente ligado al sector agrícola, aunque no está exento de tensiones. México cuenta con una base productiva importante, pero su aprovechamiento energético debe equilibrarse con la seguridad alimentaria.
Vidal Amaro lo ejemplificó así: “No podemos permitir que haya una competencia […] que termine comprometiendo también nuestra seguridad alimentaria, más bien hay que buscar incrementar la producción para tener sobrantes que se puedan destinar al uso energético”.
Este planteamiento sugiere que el crecimiento del sector dependerá, en buena medida, de la capacidad para aumentar la productividad sin desplazar cultivos destinados al consumo.
Logística: el reto menos visible
Uno de los puntos más críticos se encuentra fuera del laboratorio o la refinería. La menor densidad energética de la biomasa implica mayores costos de transporte y almacenamiento, lo que condiciona la viabilidad de los proyectos.
“El éxito de un proyecto bioenergético se decide en el campo, en el camión, en el silo, mucho antes de llegar al reactor […] la disponibilidad y cercanía de la materia prima determina si un proyecto es viable o no”, añadió Lastra.
Así, factores como la ubicación de los recursos, la infraestructura disponible y la eficiencia logística se vuelven determinantes.
Retos estructurales y oportunidades
La discusión también dejó ver pendientes importantes: mejorar la regulación, consolidar certificaciones de emisiones y fortalecer el desarrollo tecnológico, especialmente en biocombustibles más avanzados.
En ese contexto, también se enfatizó la dimensión social del sector. Como apuntó el subsecretario:
“No puede haber un desarrollo en biocombustibles que no vaya de la mano de la mejora de nuestros productores agrícolas […], esto abre oportunidades de empleo a lo largo de toda la cadena de producción”.
En conjunto, el panorama apunta a una industria con potencial, pero aún en construcción. La bioenergía se perfila como una pieza relevante en la transición energética de México, siempre que logre sortear sus desafíos estructurales y consolidar una cadena de valor viable.
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