En el Museo Nacional de Energía y Tecnología (MUNET), la ponencia inaugural de la Feria de Energía e Innovación para la Transformación y el Bienestar colocó a la eficiencia energética en el centro de la conversación pública. El arranque del encuentro apostó por un cambio de enfoque: optimizar el consumo como vía para fortalecer la soberanía nacional.
El espacio estuvo a cargo de Israel Jáuregui Nares, titular de la Comisión Nacional para el Uso Eficiente de la Energía (Conuee), quien delineó una visión en la que el ahorro energético no implica sacrificio, sino inteligencia operativa. Bajo esta lógica, la eficiencia se posiciona como un pilar estratégico que permite al país reducir su vulnerabilidad frente a los mercados internacionales.
Soberanía energética: eficiencia sin renuncias
Lejos de asociar la eficiencia con restricciones, Jáuregui insistió en que esta debe construirse sin comprometer el bienestar ni la actividad económica. El ahorro, subrayó, no puede darse a costa del confort, la seguridad o la productividad, sino a partir de mejoras tecnológicas y operativas.
“La eficiencia energética no atenta sobre el confort, la seguridad, la productividad, la economía y el medio ambiente. Apagar las luces de las escaleras de emergencia no es ahorro de energía, apagar el aire acondicionado de este salón no es ahorro de energía. Ahorro de energía es contar con esos servicios de una manera más eficiente y eso tiene su chiste”, señaló.
Desde esta perspectiva, producir más con menos recursos se convierte en la meta central. La eficiencia deja de ser una medida de contención para convertirse en un motor de competitividad y bienestar.
“Al final de cuentas, ahorrar energía puede tener muchas definiciones: hacer lo mismo con menos, hacer más con lo mismo y, obviamente, la que más nos gusta a todos nosotros es hacer más con menos. Esa es una definición de eficiencia energética, pero sin atentar sobre esos cinco elementos”, agregó.
Medir lo que no se ve: el reto del desempeño energético
Uno de los desafíos más relevantes, explicó el funcionario, es que el éxito de la eficiencia energética radica en aquello que no ocurre: la energía que no se consume. Por ello, el enfoque actual se centra en la “mejora del desempeño energético”, un concepto más amplio que integra uso, consumo y eficiencia, alineado con estándares internacionales como la ISO 50001.
“Hablar de desempeño energético es hablar de conceptos que se puedan medir y que puedan ser auditados por una tercera parte; es el uso de la energía, el consumo y la eficiencia energética mezclados”, detalló.
Este enfoque permite evaluar con mayor precisión los resultados, especialmente en entornos industriales complejos, donde múltiples variables inciden en el consumo.
Regulación, industria y cambio cultural
La ponencia también evidenció un endurecimiento en la política pública. Con nuevas disposiciones para grandes consumidores de energía, la eficiencia dejará de ser opcional para convertirse en una obligación verificable en los próximos años.
En este contexto, Jáuregui destacó la relevancia de profesionalizar el sector y ampliar las capacidades técnicas en el país.
“En México se requiere no nada más ingenieros, se requieren abogadas, financieras, antropólogos… el ahorro de energía no es una cuestión meramente técnica, sino un cambio de paradigma en la forma de vida de todos nosotros”.
El funcionario también advirtió sobre errores comunes en la transición energética, como priorizar tecnologías sin entender primero los patrones de consumo.
“Muchas de las empresas llegan y quieren poner paneles fotovoltaicos, pero no saben cuánto consumen ni a qué hora es su demanda máxima. Vamos por la moda y no hacemos un análisis real de nuestras oportunidades de ahorro de energía”, explicó.
El impacto invisible que redefine la economía
Gracias a metodologías internacionales, México ha logrado estimar el impacto de la eficiencia energética en su economía. El resultado: un ahorro acumulado cercano al 17%, equivalente a más de mil 700 petajoules, una cifra que supera el consumo total del sector industrial.
A pesar de su magnitud, este impacto sigue siendo difícil de percibir, lo que representa un reto comunicativo para el sector.
“Muchas personas no lo creen… dicen que es como el Sancho, nadie lo ve, pero sí existe. En realidad sí existe el ahorro de energía. El chiste es medirlo y tener los elementos necesarios para demostrarlo”.
La eficiencia como punto de partida de la transición
Al cierre, Jáuregui Nares planteó que la eficiencia energética no es un complemento de la transición, sino su base. Antes de apostar por nuevas tecnologías o soluciones complejas, el primer paso debe ser optimizar lo que ya existe.
“Antes de pensar en otras cosas, hay que hacer lo más eficiente posible con lo que tenemos y después dar los siguientes pasos. No podemos pensar en una transición energética a un mundo sustentable si no cambiamos nuestra forma de vida”, dijo.
Con este mensaje, la ponencia inaugural dejó claro que la soberanía energética en el siglo XXI no se define únicamente por la disponibilidad de recursos, sino por la capacidad de utilizarlos de manera inteligente, sin renunciar al desarrollo ni al bienestar.
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