Escrito por: Opinión, Pablo López Sarabia

Desafíos del nuevo gabinete energético: nuevas competencias y comunicación

Más allá de la formación profesional, grados académicos y experiencia (o inexperiencia) con la que llegarán las nuevas cabezas del sector energético de la próxima administración. Se demandará de ellos una gran flexibilidad para operar en un entorno de cambios tecnológicos acelerados, modelos comerciales disruptivos y una mayor competencia internacional. Sin duda, su principal desafío será mantener una gran transparencia en la rendición de cuentas y una eficiente comunicación con los mercados financieros.
La nueva administración que tomará las riendas del país en diciembre de éste año, anunció las cabezas que estarán al frente de las principales instituciones del sector energético como: la Secretaría de Energía, Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad. Los nombramientos planteados despertaron inquietudes entre miembros del sector e inversionistas, sobre todo por algunas opiniones negativas vertidas en el pasado sobre las reformas estructurales y en particular de la energética. Además, se cuestionó la falta de experiencia en el ramo de algunos de ellos; en éste punto, es claro que muchas empresas del sector energético a nivel mundial cuentan con personas que no necesariamente tienen una formación académica asociada al sector, pero en contrapartida tienen una gran experiencia administrativa y de gestión o en materia financiera. Ante las dudas se requerirá de una eficiente comunicación con los mercados financieros, a fin de que estos entiendan a plenitud la nueva estrategia energética; una primera señal que sería bienvenida por los mercados es mantener el esquema de coberturas petroleras del Gobierno Federal y PEMEX.
Los desafíos que presenta el sector energético nacional son variados: baja producción petrolera, limitada capacidad de refinación, aumento acelerado de las importaciones de gasolina y gas natural, reducción de la inversión en infraestructura y falta de mantenimiento, inestabilidad en los precios del crudo a nivel internacional, incremento de las fallas técnicas y no técnicas en el suministro de electricidad, el robo de combustible que esta imparable, problemas de logística y almacenamiento en el mercado de gasolinas, mantener el proceso de transformación y modernización de las estaciones de servicio, responder a la creciente demanda de electricidad en el sector automotriz y la diversificación de la matriz energética, por mencionar algunos. Estos desafíos demandarán de los nuevos administradores una gran flexibilidad, debido a los nuevos modelos de negocios generados a partir de la apertura del sector energético y una mayor competencia internacional; además tendrán que desarrollar nuevas competencias que les permitan tomar decisiones en un entorno de cambio tecnológico acelerado y disrupción como: el Blockchain y el fracking.
La nueva administración ha planteado 25 prioridades para el sexenio, destacando en materia energética lo siguiente: i) incrementar la producción de petróleo y gas, ii) rehabilitación de las refinerías existentes, iii) construcción de la refinería de Dos Bocas en Tabasco, y iv) desarrollo de energías alternas. El poco espacio en materia fiscal debido a la necesidad de generar un superávit primario que mantenga la relación deuda a PIB estable; así como la calificación soberana de México en grado de inversión, reduce la capacidad del gobierno de impulsar la inversión pública en infraestructura. Además de que los precios del petróleo seguirán muy volátiles afectando los ingresos petroleros del Sector Público, los cuales representaron un 19% de los ingresos presupuestarios en el primer semestre de 2018. Es importante señalar que, aunque las Finanzas Públicas han dejado de estar petrolizadas (62% de los ingresos totales presupuestados son tributarios), los recursos de PEMEX siguen siendo una de las tres principales fuentes de divisas para el país y de ahí su relevancia para dar un soporte al tipo de cambio.
La recuperación de la plataforma de exportación requerirá de grandes inversiones en el mediano y largo plazo, a fin de explorar los yacimientos en aguas profundas y desarrollar la tecnología del fracking a precios competitivos (el breakeven de la tecnología deberá oscilar entre los 30 y 40 dólares por barril, para generar una rentabilidad constante). Por lo que la inversión extranjera que ha llegado a través de la reforma energética seguirá siendo clave, más aún, si se desea mantener el proyecto de una nueva refinería que es altamente intensiva en capital. En materia de gas natural, el precio internacional se ha mantenido en alrededor de USD3 el MBTU con una tendencia a la baja, situación que es positiva para la reducción de costos de la generación eléctrica en las centrales de ciclo combinado (casi el 80% de la generación depende del combustible utilizado). Aunque éste bajo precio también nos ha vuelto dependientes de las importaciones de EUA, situación que podría ser un riesgo de operación y financiero que se debe considerar. En éste entorno, las subastas eléctricas parecen ser el mejor vehículo para seguir apuntalando las finanzas de la CFE e impulsar las energías renovables como la eólica y fotovoltaica a precios competitivos internacionalmente.
Profesor-Investigador de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Tecnológico de Monterrey, Campus Santa Fe.

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