Energía, agua, refrigeración, transporte y cadenas de frío serán parte de la discusión del segundo panel de WESS 2026.
Un alimento puede comenzar su recorrido en una parcela, pero su llegada a la mesa depende de una infraestructura mucho más amplia. Ese será uno de los puntos de partida del panel “La Infraestructura Invisible”, que WESS 2026 dedicará a analizar la relación entre energía, agua, infraestructura crítica y seguridad alimentaria.
La propuesta parte de una realidad que suele pasar inadvertida: sin energía no funcionan los sistemas de riego, las plantas de tratamiento de agua, la agroindustria ni los sistemas de refrigeración. Tampoco pueden operar los centros de distribución, puertos, aeropuertos, ferrocarriles o sistemas de automatización industrial que forman parte de las cadenas alimentarias.
Las cadenas de frío representan uno de los ejemplos más claros. La conservación de productos perecederos requiere energía, infraestructura de almacenamiento y sistemas de refrigeración que permitan mantener la calidad de los alimentos desde el punto de producción hasta los centros de consumo. Su modernización será determinante para reducir pérdidas y mejorar la eficiencia de las cadenas de suministro.
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El agua representa otro componente crítico. WESS señala que la agricultura utiliza aproximadamente 70% del agua dulce extraída a nivel mundial, lo que convierte a la infraestructura hídrica, el riego, el bombeo y la eficiencia en el uso del recurso en elementos estratégicos para la seguridad alimentaria.
La energía también tendrá una relación cada vez más estrecha con la producción de alimentos. Una infraestructura energética confiable, eficiente, resiliente y sostenible permite sostener actividades que van desde el bombeo de agua hasta la transformación industrial, refrigeración y distribución. Por ello, la transición energética aparece como uno de los habilitadores de la seguridad alimentaria.
El desafío también alcanzará a la infraestructura digital. Los centros de datos y las tecnologías que permiten la agricultura de precisión y la inteligencia artificial requieren energía y conectividad. De esta manera, la infraestructura física y la digital comienzan a formar parte de una misma arquitectura para los sistemas alimentarios.
La resiliencia será otro de los conceptos centrales de la conversación. Fenómenos climáticos, interrupciones en cadenas de suministro, volatilidad energética o limitaciones hídricas pueden generar impactos que trascienden una región y afectar la disponibilidad de productos en mercados completos.
Por ello, el segundo panel de WESS 2026 plantea una pregunta que va más allá de la producción agrícola: ¿cómo fortalecer la infraestructura que hace posible alimentar al mundo? La respuesta requerirá considerar energía, agua, transporte, refrigeración, logística e infraestructura crítica como componentes de una misma estrategia.
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