Escrito por: Electricidad, Nacional, Opinión, Santiago Barcón Palomar

¿De qué sabor es tu molécula de CO2?

co2

México solo aporta el 1.2% de las emisiones mundiales de CO2 y la electricidad representa el 21.8% del total de nuestra huella de carbono

Ideas con brío
Santiago Barcón
CEO de Baorgg y PQBarcon

Si algo ha polarizado el debate sobre los cambios propuestos a la Ley de la Industria Eléctrica es, sin duda, el impacto ambiental. Todos estamos de acuerdo en generar lo más posible con energías libres de CO2 pero no debe tratarse como un dogma de fe.

En la novela State of fear, Michael Crichton -el autor de Jurassic Park- relata cómo un grupo de ecologistas busca causar una hecatombe climática para despertar la conciencia de la población a la que catalogan de indolente. Sin llegar a estos niveles, recordemos que tan solo es una fábula. El debate sobre los combustibles que se utilizan en México para la generación de energía eléctrica está tomando niveles de intolerancia.

Iniciemos con la premisa básica de que la confiabilidad de un sistema eléctrico de potencia (SEP) depende de una matriz de generación diversificada. El intentar contar con solo una tecnología, la que sea, llevará a problemas de abasto. Si no es así pregúntenles a nuestros hermanos colombianos y brasileños que enfrentaron apagones cuando se presentó el fenómeno climatológico de El Niño o más cercano, depender solo de gas, como presenciamos en Texas, Estados Unidos en febrero de este año.

Ventaja competitiva

Si algo tenemos como ventaja en México es la mezcla de tecnologías de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) –hidráulica, nuclear, geotérmica, ciclo combinado, vapor– entre otras. Aunemos, que cuenta con plantas termoeléctricas de vapor duales que pueden funcionar ya bien con carbón-combustóleo o gas natural-combustóleo. En el 2020 CFE, incluyendo a los productores independientes de energía, tuvo la siguiente producción en Terawatts/hora (TWH):

Dado que varias plantas ya están amortizadas el usarlas, aunque no sean de última generación, puede llegar a hacer sentido y, como vimos con la crisis del gas de febrero, evitaron que tuviésemos un problema mayúsculo como lo sufrieron los tejanos.

Analicemos ahora las emisiones imputables, con su mezcla de generación, a CFE iniciando con la aportación de cada tecnología en CO2 por cada KWh producido:

En la tabla siguiente encontraremos lo que emite CFE por cada KWh que genera:

Aportación de CO2

Como vemos, la aportación de CO2 en la mezcla total es baja y máxime, como veremos a continuación, cuando nos situamos en el contexto mundial.

Antes una reflexión: por alguna razón los mexicanos tendemos a siempre menospreciarnos y ver hacia los más poderosos o acaudalados. Lo hacemos sin contar con ninguna referencia y, como hemos presenciado en los meses recientes los comentarios más trillados son: “Es que en Alemania” o ya bien “los gringos” e inclusive “hasta en Uruguay” donde se presenta una cifra sin ningún contexto ni análisis. Triste.

También olvidamos que a los que tratamos de emular, sin ninguna reflexión, son quienes han afectado en cientos de orden de magnitud más el ambiente -y lo siguen realizando-, de lo que México contribuye o afecta actualmente.

El impacto ambiental

La emisión actual por generación de electricidad, en millones de toneladas (mdt) de CO2, que aportó México en el 2020 fue de 485 mdt. Esto languidece ante China que lanzó 11 mil 525 mdt o ya bien, Estados Unidos que emanó 5 mil 107 mdt. Las cifras en sí mismas pueden resultar poco significativas por lo que las veremos per capita: China 8.25 mdt, EU 15.25 mdt y México 3.73 millones de toneladas. Como es obvio, esto no implica que por esta razón nos de pie a no seguir un proceso de descarbonización, pero hay que poner todo en perspectiva.

Por otro lado, al parecer hay diferentes sabores de moléculas y las de CO2 “sabor eléctrico” son las más dañinas y las que provienen de otras fuentes -el “sabor transporte” por ejemplo- causan menos daño. México solo aporta el 1.2% de las emisiones mundiales de CO2 y, más importante, la electricidad representa el 21.8% del total de nuestra huella de carbono.

De nuevo, el camino hacia un mundo sin carbón es el correcto, pero hay varias reflexiones en esta ruta que México debe sopesar. En primer lugar, no se le debería pedir un esfuerzo igual a todos los países, máxime que alcanzaron ese nivel de desarrollo gracias a contaminar ingentemente: cada uno debe de asumir con ética, la responsabilidad que le corresponde. En segundo sitio, exigir a todos los sectores que producen CO2 hagan su parte en la reducción. En México el transporte es el contribuyente principal así que debe asumir su responsabilidad al igual que los otros actores.

Continuemos, en tercer lugar, que no se trata solo de generar sin CO2 sino de no consumir: eficiencia energética, la asignatura que llevamos décadas posponiendo.

Contar con energía confiable

En cuarta posición existen medios más económicos para reducir la aportación de CO2 que instalar renovables. De hecho, el 50% del abatimiento de la huella de carbono a nivel mundial provendrá de la ya mencionada eficiencia energética que cuesta, en promedio, la tercera parte de las renovables y es de más largo plazo.

Finalicemos con este quinto pensamiento: no debemos confundir una parte del proceso con el todo. Entre energía sin CO2 a una que lo contenga, la elección sin duda será la primera. Pero entre no contar con energía confiable y económica, a todas luces la segunda opción. No conozco a ninguna persona, de las que consideran al combustóleo como el nuevo anticristo, que se haya desconectado de la red mientras se producía; ante la falta de gas natural de Texas, con los denostados “vejestorios” de CFE. O, por poner un ejemplo más, exijan y demanden con la misma vehemencia el evitar el desperdicio energético. Si hubiese congruencia entre lo que pregonan y lo que hacen sería más fácil creer cabalmente su posición.

Insisto, el camino hacia el menor uso de fuentes que produzcan CO2 es el correcto; pero debe verse desde una visión holística y no como una cruzada, o guerra santa, donde no hay alternativas ni tiempos. México cuenta con centenas de opciones para reducir su huella de carbono, el instalar renovables es tan solo una de tantas. Menos fanatismo y más datos duros.

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