Escrito por: Opinión, Santiago Barcón Palomar

Vamos a proponer en lugar de rechazar

Tristemente todos critican, al mismo tiempo que se desgarran las vestiduras y, sin proponer alternativas, rechazan. Señal de la polarización, sin duda, pero quizá, más de mentes blandas

Ideas con brío
Santiago Barcón Palomar
Especialista en Código de Red.

Ante cualquier iniciativa de cambio en el sector eléctrico, el no es automático sin siquiera analizar lo que se propone o explorar alternativas. Esgrimiendo que hay contratos, lo cual es cierto en muchos casos, pero sin considerar que algunos pudieron ser legales pero no por ello razonables o justos. Es válido defender los intereses particulares, pero también, me parece, el reflexionar y buscar alternativas.

Cualquiera que haya estudiado historia medianamente sabe que la Segunda Guerra Mundial se gestó con el Tratado de Versalles, mismo que se firmó en 1919 al finalizar la Primera Guerra Mundial. Las condiciones impuestas a Alemania fueron tan severas que causaron el surgimiento del nazismo y con ello la muerte de decenas de millones de seres humanos. Sirva como dato que fue hasta el 2010 cuando Alemania acabó de pagar las enormes cantidades que mandaba el Tratado de Versalles: ¡91 años después! Legal, sí, lógico e inteligente, creo que la respuesta es obvia. Si desean aprender más del tema, que enseña mucho, aquí encontrarán un buen resumen.

Más importante tener la razón que encontrar alternativas

Pero, de regreso a México en donde ya caímos en el mismo error, es más importante demostrar que se tiene la razón, que analizar alternativas. Por supuesto, que ambos lados cojean del mismo pie, unos esperando que no repita el siguiente sexenio para no perder ni un ápice de sus prebendas, judicializando el sistema eléctrico, y los otros olvidando su responsabilidad de garantizar el suministro de energía eléctrica y construir fuentes de trabajo. Están como tirios y troyanos, donde lo más importante es no perder, al costo que sea, con la desventaja que es México con el que están jugando sus guerritas.

En cualquier curso de negociación, lo primero que nos enseñan es a buscar empatía, el tratar de ver en el asiento del otro su realidad. Esto, por supuesto, no es sencillo y por ello hay que dedicar tiempo y esfuerzo intelectual a buscar caminos alternos. Desde métodos como el de los seis sombreros de colores del recientemente fallecido Edward de Bono, hasta consultar en forma regular diferentes medios. Los que leen La Jornada se beneficiarían de examinar en forma regular el Reforma, los que son asiduos a The Economist o al WSJ deberían considerar Le Monde o NYT, a los amantes de Friedman estudiar a Thomas Piketty y viceversa, porque si no el diálogo no se establecerá.

¿Qué hacer? Mi primera propuesta es sentar a los técnicos del Centro Nacional de Control de Energía (Cenace), Comisión Federal de Electricidad (CFE) y la Iniciativa Privada (IP) a dialogar sobre lo que es posible realizar con el Sistema Eléctrico Nacional. ¿Hasta dónde podemos despachar renovables?, ¿dónde urge reforzar la transmisión?, ¿las tecnologías FACTS (Flexible AC Transmission Systems) pueden apoyar? ¿vale la pena invertir en redes inteligentes? Y, por supuesto, centenas de escenarios adicionales como, por ejemplo, ¿estamos preparando el sistema eléctrico de transición para el 2036?, y ¿el del 2050, con 120 TWh adicionales? Son cuestiones imprescindibles de resolver, so pena de cercenar el crecimiento de nuestra patria.

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La condición sine qua non, que se lleve a cabo sin la presencia de un solo abogado y directivo, que nos digan los técnicos, lo que es posible. Luego ya se elevará a los cuadros directivos para iniciar, esperemos, un diálogo más productivo.

Recuerdo cuando el Cenace publicó el 29 de abril del 2020 el acuerdo para garantizar la eficiencia, calidad, confiabilidad, continuidad y seguridad del Sistema Eléctrico Nacional. Escribí que me parecía una práctica prudente por la baja carga en el sistema. Empezaron las llamadas reclamando que me había cambiado al lado oscuro. Terminaba rápido la conversación porque a los directivos de empresas y asociaciones les preguntaba: ¿qué te dicen tus técnicos? La respuesta más común era un silencio sepulcral o, en ocasiones, algo más divertido: ¿de verdad lo crees? Como si fuese un asunto de fe.

El implementar esto requiere de un mínimo de confianza que, aunque creo que no existe, con un mediador reconocido por ambos bandos puede llevarse a cabo. Aquí no es difícil encontrarlo, los galones técnicos son más fáciles de validar e inclusive pueden ser varios o una institución como el Electric Power Research Institute o un grupo de Leonardo Energy.

Espero que no nos ocurra lo que dice Camille Sée: “Dicen que la historia se repite, pero lo cierto es que sus lecciones no se aprovechan”. En nuestras manos lo tenemos. Nadie más puede llevarlo a cabo.

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