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Joe Biden, agenda climática, fósiles y racismo

Joe Biden

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden debe impulsar un Green New Deal ante crisis de Cambio Climático, desigualdad, racismo y COVID-19

Gustavo Ampugnani
Director ejecutivo de Greenpeace México

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden será el anfitrión de una reunión internacional sobre Cambio Climático que se realizará el 22 y 23 de abril. Al encuentro están invitados 40 líderes mundiales, que representan a las economías responsables del 80% de las emisiones a nivel global y que tienen al planeta en vilo. Es así como EU regresa a la mesa de discusión para abordar la crisis climática y ponerle fin a la era de los combustibles fósiles.

No obstante, no podemos desdeñar que la administración de Biden ha demostrado buena voluntad para enfrentar la crisis climática. Tampoco podemos dejar de lado que, frente a la política de Donald Trump, todo, lo poco o mucho, que se hace es inmenso.

Medidas frente a la crisis climática

Las acciones tomadas por el presidente Biden desde el 20 de enero son alentadoras. Algunas de ellas altamente simbólicas, como la cancelación de los permisos federales para construir el oleoducto Keystone XL o el reingreso al Acuerdo de París. Además, detuvo la concesión de tierras y aguas federales para extraer petróleo y gas y se comprometió a destinar el 40% de los recursos para combatir el Cambio Climático a las comunidades más necesitadas de justicia ambiental. Por último, encomendó a las agencias federales identificar y eliminar subsidios a los combustibles fósiles donde sea posible.

No obstante, el presidente Biden puede -y debe- hacer más. Cada año, el gobierno de Estados Unidos otorga el equivalente a 20 mil millones de dólares a las empresas extractivas de combustibles fósiles en forma de condonación de impuestos o subsidios. EU tiene que redirigir los esfuerzos para invertir en sistemas energéticos limpios y justos, y acelerar el desacoplamiento de su economía del petróleo, gas y carbón.

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Poner fin a relación entre racismo y fósiles

En 2018 los combustibles fósiles mataron a 8.7 millones de personas en el mundo. Ese mismo año, en EU la contaminación del aire generada por los combustibles fósiles representó la tercera causa de muerte. No hay que olvidar que estas situaciones aumentan la mortalidad por COVID-19.

Recientemente, Greenpeace junto a un grupo de organizaciones sociales de EU publicó un informe sobre combustibles fósiles y racismo. Allí se da constancia de que, si bien, la contaminación del aire se redujo de manera significativa en las últimas décadas, las comunidades de color -afroamericana y latina- siguen siendo las más expuestas a respirar aire contaminado. Según el reporte, existe una relación entre las políticas racistas del pasado y la exposición al calor extremo, con las tasas más altas de asma y la proximidad a la perforación petrolera.

Si las empresas de combustibles fósiles fueran responsabilizadas legal y financieramente por el costo de su daño seguramente dejarían de existir. En EU, las comunidades afroamericanas, latinas e indígenas son las primeras en sentir el impacto de la extracción y explotación de combustibles fósiles. A nivel nacional, 17.6 millones de personas viven a poco más de medio kilómetro de un pozo de petróleo o gas. La confusión económica por seguir dependiendo del petróleo, gas y carbón es asombrosa, pero la trágica pérdida de vidas hace que el continuo apoyo político y financiero a la industria de los combustibles fósiles sea moralmente inaceptable.

Una transición equitativa

La transición del petróleo, gas y carbón a las energías renovables es inevitable. La justicia para los trabajadores y las comunidades no lo es, especialmente si la transición se deja en manos de las empresas de combustibles fósiles. Basta mirar a la industria del carbón estadounidense, donde las empresas en quiebra reparten bonificaciones de un millón de dólares a sus directores ejecutivos mientras recortan las pensiones y los beneficios de salud.

El documento enfatiza que las crisis del Cambio Climático, COVID-19 y el racismo sistémico, no se solucionarán con la “vuelta a la normalidad”. Lo normal antes de la pandemia era la crisis permanente, crónica. Demandan que Estados Unidos desacople su economía de los sistemas de explotación y extracción, y su política de los combustibles fósiles, para invertir en un Green New Deal para trabajadores, familias y comunidades.

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La crisis del Cambio Climático, la desigualdad económica, el racismo sistémico y COVID-19 están conectadas. Por tanto, la respuesta debe ser integral. Al demandar una agenda para reactivar la economía estadounidense mientras se enfrentan las injusticias sistémicas, el Green New Deal buscado apunta a salir de múltiples crisis a la vez. El reporte indica que existen más posibilidades de crear millones de empleos estables y bien pagados con energía renovable que con los combustibles fósiles.

No más soluciones a medias

Joe Biden ganó las elecciones presidenciales de EU con la plataforma climática más ambiciosa y de mayor alcance de cualquier candidato. Estados Unidos tiene que adoptar un rol de liderazgo mundial para evitar peores impactos de la crisis climática. Y para eso, Biden debe ir más lejos. La meta ya está señalada: Estados Unidos tiene que reducir sus emisiones  en 70% para 2030, sobre los niveles de 2005. Esto para llevar sus emisiones a cero y demostrar un compromiso real con el planeta. Además, desde Greenpeace consideramos que Estados Unidos debe alcanzar esa meta sin recurrir a compensaciones engañosas (lo que se conoce en inglés como offsets).

Para la industria de los combustibles fósiles retrasar y distraer la atención sobre la necesidad de reducir emisiones de manera drástica es la nueva forma de negar que el problema existe. Empresas como Exxon, Chevron, Shell y BP pasaron décadas sembrando dudas sobre la ciencia del Cambio Climático. Ahora, ante el apoyo público generalizado a la acción climática, están distorsionando los hechos sobre su papel en la crisis climática y se están presentando falsamente como aliados. El presidente de Estados Unidos no debe dejarse engañar.

No podemos seguir quemando combustibles fósiles y frenar la crisis climática al mismo tiempo. Ni siquiera si plantamos mil millones de árboles; y menos aún si se sigue invirtiendo miles de millones de dólares en tecnologías e infraestructura que buscan perpetuar el uso de los fósiles, como la captura y almacenamiento de carbono (CCS). Biden no debe ir por ese camino.

Futuro justo, verde y pacífico es posible

Las élites empresariales nos cuentan la misma historia una y otra vez. Su narrativa insiste en que el mundo que diseñaron y controlan es inevitable. La nuestra es distinta. La nuestra dice que es posible alcanzar un futuro justo, verde y pacífico. Es lo que merecemos. En Greenpeace visualizamos un mundo en el que tengamos bienestar y donde se satisfagan las necesidades fundamentales de manera asequible sin dejar a nadie afuera: trabajo digno, atención médica, educación, vivienda, aire y agua limpios, alimentos saludables, y donde las personas en todas partes tengan lo necesario para prosperar.

Por eso demandamos que Estados Unidos, ya de regreso en la lucha global contra la crisis climática, escale las acciones ya adoptadas en lo que va de este año y garantice protección de las personas y el clima en el centro de su vida pública, y no a las empresas fósiles.

*Fotografía de EFE/Chris Kleponis.

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