México está parado en una cornisa energética. Texas ya no tiene gas libre. Europa absorbe cada vez más GNL. La demanda eléctrica texana crecerá entre 6 y 8 mil MMpcd; y México sigue sin almacenamiento, sin producción suficiente, sin diversificación y sin infraestructura alternativa. La solución no es una sola, es un conjunto de decisiones técnicas, operativas y de infraestructura que deben tomarse antes de que la realidad las imponga.
Porque la energía no espera. Y cuando Texas tenga que elegir entre su sistema eléctrico y las exportaciones, elegirá lo que siempre elige cualquier sistema: a sí mismo. México tiene que prepararse para ese día, y el momento de hacerlo no es cuando falte el gas. Es ahora, porque si México no hace nada, no será una sorpresa lo que ocurra: será una consecuencia. Y esa consecuencia será un país más vulnerable, más caro de operar y con un sistema eléctrico expuesto a riesgos que ya no podrá controlar.
El gas que ya no alcanza: cómo Texas y Europa reescriben el mapa energético y dejan a México en la cuerda floja. En Texas, algo se está moviendo a una velocidad que ni los propios texanos habían imaginado. En los pasillos de ERCOT —el operador eléctrico del estado— ya no se discute si la demanda crecerá, sino cuánto más se disparará. Los ingenieros, acostumbrados a lidiar con veranos abrasadores y tormentas invernales, ahora enfrentan un fenómeno distinto: un apetito eléctrico que parece no tener límite.
El sistema eléctrico de Texas (ERCOT) se encuentra en un proceso de transformación sin precedentes. El notable crecimiento de centros de datos, operaciones de criptominería, industrias de hidrógeno y nuevas cargas industriales está alterando sustancialmente la curva de demanda eléctrica en el estado. De acuerdo con el informe oficial que ERCOT presentó ante la Public Utility Commission of Texas (PUCT) en abril de 2026, la demanda eléctrica podría experimentar un incremento de hasta tres o cuatro veces en menos de una década; aumentando del récord actual de 85,508 MW a 278,003 MW en 2029 y 367,790 MW en 2032.
Estas cifras, observadas desde México, no solo resultan relevantes, sino que también ameritan especial atención y análisis. Cada megawatt adicional de energía eléctrica implica el uso de una molécula de gas natural que deberá ser consumida. Texas, que actualmente genera más del 40% de su electricidad a partir de gas natural, requerirá cantidades significativamente mayores de este recurso.
Proyecciones
Según estimaciones basadas en la demanda incremental proyectada y en la relación histórica entre generación térmica y consumo de gas, se calcula que Texas necesitará entre 6,000 y 8,000 millones de pies cúbicos diarios (MMpcd) adicionales de gas natural para satisfacer la nueva demanda eléctrica prevista hacia el año 2032.
Texas actualmente produce aproximadamente 30 mil millones de pies cúbicos diarios (MMpcd) de gas natural, lo que lo posiciona como el principal referente energético de Norteamérica. Sin embargo, la producción se encuentra cerca de su capacidad máxima. Entre el consumo interno, el envío a plantas de licuefacción para exportación de GNL y las exportaciones hacia México —que promedian 6.7 mil MMpcd durante 2025—, prácticamente toda la producción de gas natural en Texas ya está comprometida.
En este contexto, el incremento proyectado por ERCOT de la demanda eléctrica —de 6 a 8 mil MMpcd de gas para alimentar centrales térmicas— resulta incompatible con la capacidad actual del sistema. Este no dispone de margen operativo, ni reservas adicionales, ni excedentes de moléculas disponibles.
Si Texas decidiera cubrir esa demanda adicional sin modificar sus exportaciones de GNL ni disminuir el gas enviado a México, tendría que aumentar su producción a 36–38 mil MMpcd, lo que representa un incremento del 20% al 27% respecto a los niveles actuales. Este crecimiento es técnicamente factible, considerando la abundancia de recursos en el Permian y otras cuencas texanas; sin embargo, no puede lograrse de manera inmediata.

Se requiere una mayor actividad de perforación, expansión de infraestructura de recolección, construcción de plantas de procesamiento adicionales y nuevos ductos. Todo ello implica tiempo, inversión de capital y condiciones favorables en el mercado.
Mientras la producción incremental no se materialice, Texas dispone únicamente de tres alternativas para equilibrar su sistema: reducir exportaciones, ajustar la demanda o permitir que los precios aumenten hasta que otros consumidores limiten su uso.
En este contexto, México —cuya dependencia del gas proveniente de Texas es casi total— queda en una posición vulnerable. Si Texas prioriza el consumo interno para su sistema eléctrico y mantiene el volumen de exportación de GNL, el gas destinado a México será aquel remanente disponible tras cubrir sus propias necesidades.
En resumen, la disponibilidad de gas en Texas se ha agotado, lo que genera presión sobre la seguridad energética de México debido al incremento de la demanda eléctrica.
Para México, este panorama representa una situación crítica. En México, el gas natural no es un combustible más: es la sangre que mantiene viva a la industria y a la electricidad. Siete de cada diez moléculas que se queman en el país provienen de Estados Unidos, y el 95% de estas importaciones se realiza a través de ductos conectados directamente a la red texana.
A diferencia de otros países, México carece de almacenamiento estratégico y depende del suministro diario. Por este motivo, cualquier alteración en el suministro de gas proveniente de Texas impacta considerablemente en México. Actualmente, Texas experimenta un crecimiento acelerado en su consumo eléctrico, lo que presenta nuevos desafíos para la seguridad energética de la región.
La situación pone de manifiesto una limitación relevante: México carece de margen de maniobra debido a la ausencia de almacenamiento, insuficiencia en la producción, falta de infraestructura alternativa y escasa diversificación. Actualmente, el país depende de un único proveedor, localizado en un solo estado y mercado, cuya prioridad principal es atender su propio crecimiento eléctrico y las necesidades del mercado europeo.
¿Cuáles son las acciones que México debe implementar?
a) México necesita almacenamiento. No es opcional. Es supervivencia
Actualmente, México enfrenta una situación energética en la que depende de un inventario de gas equivalente a 2–3 días, lo cual representa un riesgo significativo en caso de interrupciones por condiciones climáticas extremas, mantenimientos o prioridades internas en Texas. Esta condición no garantiza la seguridad energética del país, sino que supone una vulnerabilidad constante ante posibles contingencias. Considerando que el 60% de la electricidad nacional se genera a partir de gas, resulta imprescindible contar con almacenamiento estratégico; esta necesidad es una cuestión técnica más que política.
Se requiere la disponibilidad de cavernas salinas en el Golfo, almacenamiento subterráneo en campos agotados, terminales de GNL con tanques de gran capacidad y la implementación de inventarios mínimos obligatorios tanto para la CFE como para agentes privados. La ausencia de sistemas de almacenamiento posiciona a México como el país más vulnerable de la OCDE ante una interrupción en el suministro de gas.
b) México necesita producción propia. No para sustituir a Texas, sino para tener un “piso”
México no puede aspirar a ser autosuficiente en gas en el corto plazo, pero sí puede aspirar a contar con un nivel mínimo de producción que reduzca el riesgo sistémico. Actualmente, la producción nacional se encuentra en niveles insuficientes para satisfacer la demanda industrial y eléctrica. Es necesario rehabilitar campos terrestres, incentivar el desarrollo de gas no asociado, acelerar proyectos en Burgos, Veracruz y Tabasco, así como implementar esquemas que faciliten la atracción de capital y tecnología. No se trata de reemplazar a Texas. El objetivo es asegurar que los cambios o fluctuaciones en Texas no afecten negativamente a México.
c) México necesita contratos y reglas que reflejen la nueva realidad
Durante varios años, México operó bajo la premisa de que el gas proveniente de Texas era abundante, económico, estable y confiable. Sin embargo, esa situación ha cambiado. Actualmente, Texas enfrenta una dinámica en la cual su demanda interna aumenta a mayor ritmo que su producción, además de que Europa ofrece precios superiores por el gas natural licuado (GNL) en comparación con lo que México puede pagar por vía de ducto.
Esto deja en desventaja al país. México requiere contratos de largo plazo que ofrezcan flexibilidad, así como acceso a moléculas no indexadas exclusivamente a Waha. Es fundamental implementar mecanismos de prioridad en casos de eventos extremos y desarrollar estrategias de cobertura ante la volatilidad. La seguridad energética es resultado de una planificación cuidadosa y no puede dejarse al azar.
“Si México no actúa hoy, mañana dependerá del azar energético”.
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