Escrito por: 360°, Karla Cedano Villavicencio, Opinión

En 500 palabras o menos…

El decrecimiento no es la respuesta frente a la crisis medioambiental por la que atravesamos a nivel global

Karla Cedano Villavicencio
Presidenta de la ANES.

“Lo bueno, si breve, dos veces bueno”, leí de niña en la revista Nueva dimensión que publicaba cuentos cortos de ciencia ficción. Con esta lógica y su complemento obligado “lo malo, si breve, la mitad de malo”, me daría la tarea de escribir sobre mis tres grandes pasiones: innovación, sustentabilidad y energía renovable. Empiezo con el decrecimiento y la primera impresión que me provocó.

Ante la grave situación que enfrentamos debido al Calentamiento Global antropogénico, por un lado, y a la desigualdad que el consumismo extremo ha provocado en los últimos siglos, por otro, hay un grupo de activistas que plantea como única opción el decrecimiento. Este se propone como la solución ante un futuro distópico, donde la espiral descendente que ha provocado el capitalismo y su consecuente consumismo no tiene fin: agrava cada día más las enormes brechas sociales y económicas entre las personas, incrementa el daño a los recursos naturales e irreversiblemente compromete el desarrollo de las nuevas generaciones.

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Perdón

Así, se propone cambiar radicalmente nuestro estilo de vida, evitar a toda costa el consumismo, limitar el uso de la tecnología, disminuir drásticamente el consumo energético; regresando así a la vida rural. Frente a estos planteamientos radicales, lo primero que me viene a la mente es ofrecer disculpas.

Disculpas a las nuevas generaciones a nombre mío, de mi generación y las anteriores a mí, por haber destruido los delicados balances naturales con el pretexto del progreso y una mejor calidad de vida. Disculpas por no haber logrado concientizar a quienes toman decisiones sobre la importancia del cuidado a los recursos naturales, y lo indispensable de contabilizar los daños al ambiente y a la salud en todas las actividades humanas. Y, aún más importante, disculpas por tener la desfachatez de pedirles ahora a todas las personas, que dejen de consumir, exigirles que decrezcan con urgencia porque ya los grandes, nos acabamos al planeta.

No es la respuesta

Estoy convencida de que esa no es la respuesta. La falta de ética y exceso de cinismo con que escuchamos a intelectuales que durante más de cincuenta años se han beneficiado de la tecnología y de la industrialización es indignante. Personas que usan lentes producto de alta tecnología en óptica y en materiales, visten trajes que requieren el uso intensivo de energía en lavadoras, secadoras y tintorerías, ahora proclaman que se establecer n en un rancho, lejos de la ciudad, a vivir de lo que la tierra les ofrece. Nos instan a dejar de viajar a lugares a los que no se pueda ir a pie, mientras nos comparten el éxito de sus viajes exóticos de juventud.

Nos recuerdan que los libros ilustran más que los viajes, y nos exigen: “Vamos todo el mundo a decrecer porque hay un colapso mundial”. Hay que tener gran falta de humanidad para pedir al 50% de personas en México que viven en condiciones de pobreza que decrezcan. La solución no está en crecer menos, está en crecer mejor, en crecer sustentablemente.

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