Escrito por: Alternativas, Opinión

La rehabilitación de hidroeléctricas no será suficiente

hidroeléctricas

La rehabilitación de las hidroeléctricas debe acompañarse de un plan de transición energética hacia fuentes renovables como el sol y el viento

Edith Martínez
Estratega de involucramiento para Justicia Energética de Greenpeace México

Los apagones del lunes 28 de diciembre de 2020, que afectaron a cerca de 10 millones de usuarios en el país, introdujeron un nuevo elemento en la discusión sobre la forma de generar electricidad en México.

En días posteriores, el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que se rehabilitarán las hidroeléctricas que ya existen en el país, bajo la tutela de la Comisión Federal de Electricidad (CFE); para garantizar el abasto de energía y, de paso, cumplir con los compromisos asumidos por México en el Acuerdo de París.

Si bien es cierto que para Greenpeace es preferible la rehabilitación de las hidroeléctricas existentes que expandir la inversión en combustibles fósiles con carboeléctricas, refinerías, termoeléctricas, gasoductos, nuevas hidroeléctricas o energía nuclear; también lo es que ésta no es la única salida.

Si el gobierno federal de verdad intenta cumplir con los compromisos adquiridos en el Acuerdo de París, la idea de rehabilitar las hidroeléctricas debe acompañarse de un plan de transición energética hacia fuentes renovables como el sol y el viento, y en su caso, pequeñas hidroeléctricas; como una de las principales estrategias para reducir las emisiones que aceleran el calentamiento global y lograr así la soberanía energética.

Autogestión sin violencia

Greenpeace siempre ha buscado el desarrollo de las energías renovables en México, como una de las principales estrategias que debe adoptar el gobierno para combatir el cambio climático. Ya que el sector energético corresponde a la segunda fuente de emisiones contaminantes del país. Buscamos una transición energética justa y verde, con pleno respeto a los derechos de todas y de todos, sin defender los intereses de corporaciones privadas.

En la imagen, Edith Martínez.

La organización siempre ha sido enfática en destacar que su visión de modelo energético pasa por una generación comunitaria autogestiva. Que genere cadena de valor entre las comunidades y permita combatir la pobreza energética; las altas tarifas y el aislamiento en el que muchas comunidades se encuentran a lo largo y ancho de México.

Para lograr esa transición energética, se debe dejar atrás la lógica extractivista que ha imperado por años, donde los megaproyectos de energía -fósil o renovable- muchas veces han estado asociados con violencia; despojo y abusos contra los derechos humanos de diversas poblaciones, los cuales no pueden tolerarse.

En los últimos años, Greenpeace México se ha pronunciado por la cancelación de proyectos hidroeléctricos como La Parota y otras impulsadas por la CFE. Por ejemplo, El Zapotillo en Jalisco y Paso de la Reina en Oaxaca, precisamente por las razones antes expuestas; pero también ha señalado aquellos proyectos de energía renovable que han caído en esas violaciones como es el caso de Juchitán en Oaxaca.

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