La industria eólica mexicana llega a un punto de inflexión: el país suma 7 mil 812 megawatts (MW) de capacidad instalada, una cifra que confirma el avance de la energía del viento como pilar de la transición energética nacional. El contexto internacional impone presión. Tan solo en 2024 se instalaron 106 gigawatts (GW) eólicos en el mundo, lo que evidencia la magnitud de la competencia global y la velocidad con la que otros mercados consolidan su infraestructura renovable.
Daniela Medina, gerente de Sostenibilidad, Comunicación y Asuntos Públicos de la Asociación Mexicana de Energía Eólica (AMDEE), sostiene que la transición energética en México “ya no es una aspiración, sino una realidad en marcha”, aunque advierte que el verdadero desafío es garantizar que este crecimiento sea incluyente y sostenible en el largo plazo.
“México tiene un recurso eólico de clase mundial, y el sector eólico ha trabajado constantemente en alinearse al cumplimiento regulatorio y requerimientos técnicos que el país requiere, sin dejar de lado el compromiso social que consideramos el eje central de la transición energética justa y que sin duda alguna detonará inversión, empleo, desarrollo regional y nacional”, explica.
La especialista sostiene que el mundo está a punto de rebasar la producción de energía eléctrica con energías renovables frente a la energía producida con combustibles fósiles; sin embargo, destaca que frente a este escenario, la transición energética no puede sostenerse únicamente con infraestructura física.
De acuerdo con Medina, esto requiere de capital humano especializado y diverso, capaz de responder a la creciente demanda técnica y operativa del sector:
“La base del talento sigue siendo desigual desde la formación académica. Esa brecha se traduce después en menor participación en posiciones técnicas especializadas dentro de la industria energética”, detalla.
La deuda pendiente: mujeres en STEM y liderazgo
Uno de los puntos centrales es la brecha de género en áreas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), que impacta directamente en la competitividad de la industria. A nivel global, solo el 32% de la fuerza laboral en energías renovables está conformada por mujeres, de acuerdo con datos de International Renewable Energy Agency (IRENA). En México, la disparidad es más profunda: apenas tres de cada 10 profesionistas en ingeniería son mujeres, según cifras del IMCO.
“Eso significa que cuando una mujer ocupa una posición de liderazgo, no solo dirige: amplía referentes, modifica expectativas y acelera cambios culturales. Nuestra responsabilidad es doble: entregar resultados y, al mismo tiempo, garantizar que el talento femenino no quede fuera de la toma de decisiones”, explica.
Para Medina, ignorar esta brecha no solo es una injusticia, sino un error estratégico: “La transición energética no puede construirse dejando fuera al 50% del talento disponible. Confío en que en algún momento dejaremos de trabajar el doble y tendremos paridad salarial respecto a nuestros colegas varones. Implica una doble responsabilidad. Por un lado, ejercer el liderazgo con excelencia técnica, visión estratégica y resultados. Por otro, entender que nuestra presencia tiene un impacto simbólico y estructural”, menciona.
El Comité de Mujeres Expertas y la licencia social
Como parte de esta visión, la AMDEE impulsó el Comité de Mujeres Expertas, una plataforma orientada a fortalecer el liderazgo de las mujeres mediante cuatro ejes: debate técnico, generación de propuestas —que incluye esquemas de beneficios sociales— y visibilización de referentes femeninos en el sector.
La apuesta no es simbólica. De acuerdo con Medina, la transición energética no es solo tecnológica: también debe ser social. “Generar energía limpia sin construir una industria diversa implicaría una transformación incompleta”, dice.
“En lo personal, ha sido un camino de aprendizaje constante y de construcción de redes entre mujeres que hoy inciden en la dimensión técnica, regulatoria, social y corporativa del sector. Para mí el 8M es un recordatorio de responsabilidad: abrir camino no es suficiente, debemos consolidarlo para que las siguientes generaciones de mujeres jóvenes encuentren una industria más equitativa que la que nosotras recibimos”, destaca.
Más que gigawatts: desarrollo con justicia
La sostenibilidad de los proyectos eólicos también depende de la aceptación social. Instrumentos como la Manifestación de Impacto Social del Sector Energético (MISSE), la Guía de Impactos en Derechos Humanos y la Guía ESG de la AMDEE forman parte de un marco que busca garantizar diálogo temprano, transparencia y beneficios compartidos con las comunidades.
“La sostenibilidad de un proyecto comienza mucho antes de que se instale una turbina. Implica diálogo temprano, información clara y mecanismos reales de participación”, subraya Medina, al destacar que la inclusión de empleo local y proveedores regionales, con perspectiva de género, fortalece la viabilidad a largo plazo.
El crecimiento de 7 mil 812 MW eólicos coloca a México en una posición relevante dentro de América Latina, pero el verdadero indicador de éxito, coinciden desde la industria, no será únicamente la capacidad instalada. La transición energética, advierte Medina, debe traducirse en desarrollo regional tangible, cierre de brechas históricas y participación equitativa de mujeres en áreas técnicas y de liderazgo.
“La transición energética solo será exitosa si es justa, con perspectiva de género y acompañada de justicia climática, social y económica. Además, cuando las comunidades se reconocen como aliadas, la energía deja de ser un concepto abstracto y se convierte en desarrollo tangible”, concluye.
Así, el viento que impulsa las turbinas en México también mueve una discusión de fondo: la de construir una transición energética que no solo sea limpia, sino justa.
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