Escrito por: Andrea Servín Aguila, Gas, Oil & Gas, Opinión

Alternativas ante el conflicto gasero

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La empresa de gobierno Gas Bienestar no solucionará el conflicto del abastecimiento de gas licuado de petróleo (LP)

Andrea Servín Águila
Ingeniera en desarrollo sustentable

El gas licuado de petróleo (LP) es, en su mayoría, empleado por los hogares y los pequeños negocios mexicanos. Por ello, al impactar un servicio como el gas LP, se da un duro golpe al bolsillo nacional, de por sí lastimado.

Calentadores, estufas, transporte y equipo industrial quedaron estancados ante el desabasto de combustible a lo largo y ancho del país. El conflicto gasero es una situación que podía preverse y que en definitiva no se resolverá mediante un proyecto como el de Gas Bienestar. Al ciudadano promedio solo le queda prepararse para afrontar nuevas controversias y la inminente transición energética.

Apuesta peligrosa

La apuesta por los derivados del petróleo para satisfacer la creciente demanda es, literalmente, peligrosa. Si bien es cierto que México tiene vastas reservas de gas, importa aproximadamente el 70% del combustible que consume; ya sea gas natural o gas LP.

Desde hace años no se explora ni se invierte en la extracción de las cuencas al norte y noreste del país; mientras que en el sureste se quema la producción para priorizar la extracción petrolera. Esto es grave por dos aspectos focales: en primer lugar, al quemarse el gas se potencializan las emisiones a la atmósfera y, en segundo, el volumen desperdiciado mediante la combustión en el sureste es mayor que el obtenido del norte.

Aunado a lo anterior, el consumo residencial y de la pequeña industria acaparan gran parte del gas LP disponible, por lo que existe una bomba en prácticamente cada hogar y negocio mexicano. La falta de pericia y regulación de las autoridades dejan a la sociedad expuesta a accidentes mortales fácilmente prevenibles.

Mix energético mexicano

Todo esto habla de la poca eficiencia en el mix energético mexicano actual, pues se ha dado más peso a impulsar una política petrolera que de gas, con lo que se abarata este último y desperdiciarlo no es mal visto. Repensando las alternativas, el uso del gas LP debería enfocarse en la industria química, que requiere un mayor poder calorífico en sus procesos; mientras que los hogares y negocios mexicanos podrían emplear gas natural, generando empleos con la construcción y el mantenimiento de infraestructura para transportar y distribuir el principal combustible que favorece la transición energética hacia un futuro con cero emisiones.

Desmitificar el uso del gas natural en el sector residencial y entre las Pequeñas y medianas empresas (Pymes), depende de la agilización de permisos de la Comisión Reguladora de Energía (CRE) y de favorecer la penetración del mercado, además de concentrarse en las zonas fronterizas y las urbes, por lo que buscar alternativas como las energías renovables resulta muy atractivo.

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Durante el conflicto gasero, los principales afectados fueron los miembros de comunidades marginadas; es por eso que los subsidios focalizados en la energía solar y eólica deben ser una realidad a corto plazo. La introducción de paneles, calentadores y estufas solares provocan un ahorro de entre el 60 y el 100% del consumo de gas, diésel y petróleo en el hogar. A largo plazo, se favorecen las finanzas de la casa, se contribuiría con la mitigación del Cambio Climático y se beneficiaría la salud de los mexicanos al reducir los problemas cardio respiratorios derivados de la quema de biomasa y combustibles fósiles.

Necesario desarrollar nuevos proyectos

Resulta evidente que subsidiar o topar los precios del gas no es ni será una solución resiliente. Es necesario el desarrollo de proyectos que beneficien a los mexicanos para comenzar a atender la incapacidad de Comisión Federal de Electricidad (CFE) y Petróleos Mexicanos (Pemex) por cubrir la demanda energética de un país en constante crecimiento y que debe responder al Cambio Climático, cada vez más
implacable.

El mexicano de a pie debe trabajar de acuerdo con sus necesidades y usar las herramientas que posee, para luego definir la alternativa que mejor se amolde a su visión y presupuesto. El combate de la pobreza energética requiere de un 787= que traerá consigo cambios, a nivel infraestructura y de mentalidad, que deben verse como una inversión y no como un costo, pues serán redituables en el
mediano plazo.

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