Escrito por: 360°, Opinión

Programa mexicano de reforestación incentiva deforestación

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En el Día Internacional de los Bosques, el 21 de marzo, Bloomberg News compartió con Energía Hoy, el siguiente artículo sobre reforestación

Max de Haldevang

En las colinas de la península de Yucatán en México, el bosque se detiene abruptamente y decenas de árboles jóvenes crecen  alrededor de troncos carbonizados. Las plántulas responden al amplio programa de reforestación del gobierno conocido como Sembrando Vida, pero también las áreas quemadas. En esta parte de México, el proyecto está relacionado con la destrucción y la regeneración, de manera simultánea.

Bajo el gobierno previo, al propietario se le pagaba por cuidar de la selva dentro de su territorio, pero cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador comenzó su mandato en 2018, recortaron el presupuesto. El reemplazo del mismo paga a los campesinos por sembrar árboles para la producción de frutas y madera, con el objetivo de crear una industria en zonas rurales desfavorecidas en próximas décadas.

Un viaje a Yucatán y Campeche, a finales de febrero, reveló que las fallas en la creación misma del proyecto podrían poner en riesgo sus buenas intenciones. “Esto es lo que hace Sembrando Vida”, dijo José, un campesino local, pateando un tronco negro. Pidió no revelar su apellido por temor a perder los fondos del gobierno por sus críticas al programa.

Sembrando Vida es el proyecto ambiental insignia del presidente; un plan de siembra de árboles de 3 mil 400 millones de dólares para ayudar a alcanzar los objetivos climáticos y a la vez cumplir con su finalidad de combatir la pobreza y la desigualdad desenfrenadas en México.

Arrasar con el bosque

Los lugareños dicen que el sistema incentiva a los campesinos a arrasar con el bosque para prepararlo para la siembra. La incertidumbre también abunda sobre el estado legal de las parcelas replantadas, lo que significa que no hay garantía de que los agricultores puedan cosecharlas; por lo que para algunos hay poca motivación para cuidar de estas nuevas siembras.

“En muchos lugares la gente dice: ‘bueno, yo tenía mi hectárea de selva, pero viene el programa pues tiro la selva; los árboles me sirven para mi casa o para vender la madera o para lo que sea y cuando venga el nuevo programa vuelvo a sembrar’”, comenta Sergio López Mendoza, profesor de ecología y conservación de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, el estado más austral de México.

La oficina de Presidencia declinó hacer comentarios sobre esta nota. Mientras que la Secretaría de Bienestar, dependencia que se encuentra a cargo de Sembrando Vida, tampoco entregó respuesta.

Sembrando Vida paga actualmente a cerca de 420 mil agricultores una suma de 4 mil 500 pesos al mes por plantar árboles, según el gobierno. El objetivo es reforestar un poco más de un millón de hectáreas de terrenos deteriorados y cultivar más de mil millones de plantas para finales de 2021.

Ese éxito puede haber tenido su costo, según el Instituto de Recursos Mundiales (WRI, por sus siglas en inglés), una organización ambiental sin ánimo de lucro que ha trabajado con el gobierno para monitorear los resultados de Sembrando Vida. El WRI, con sede en Washington, estima que el programa pudo haber causado la pérdida de casi 73 mil hectáreas de cobertura forestal en 2019, su primer año completo, según un estudio basado en imágenes satelitales que fue compartido con Bloomberg News.

Esto sería un área casi del tamaño de Nueva York. También es casi la mitad de la cantidad anual promedio de cobertura forestal que se pierde debido a cambios en el uso de la tierra y la tala ilegal en la misma región.

Algunos in situ piensan que la devastación podría ser aún peor. Juan Manuel Herrera, un ingeniero forestal de Campeche, dijo que el estado habría tenido potencialmente pérdidas mucho más altas que aquellas estimadas por el WRI. Los pagos mensuales son un salvavidas para algunas de las comunidades más pobres de un país azotado por la pandemia.

México, economía y programas sociales

La economía de México se desplomó 8.2% en 2020, mientras que el empleo formal cayó en enero, en comparación con el año anterior en todas las áreas fuera de los estados industriales fronterizos del norte. Los programas sociales son fundamentales para Morena de cara a las elecciones de junio; y encuestas muestran que los votantes consideran que estas iniciativas son logros importantes del gobierno.

Sin embargo, a nivel local, el daño ambiental amenaza con superar los beneficios. En tan solo, una aldea de Campeche, más de dos tercios de los participantes del programa habían talado el bosque para poder obtener el beneficio, según un participante. Antonio, quien pidió ser identificado solo por su nombre por temor a las repercusiones, mostró dónde él y sus familiares habían despejado una densa zona de árboles que incluía tzalám, o nogal caribeño, y chacá roja, comúnmente conocida como gumbo-limbo, para tener derecho a los pagos.

Un representante de Sembrando Vida en la aldea negó que las personas hubieran talado árboles para ingresar al programa en el área, diciendo que habían usado tierras de pastoreo de ganado. Antonio, por su parte, dijo que no habían tocado el terreno de pastoreo porque su ganado lo necesitaba. Quería mantener el bosque intacto y talar algunos árboles pequeños para ayudar a los demás a crecer, dijo, pero los representantes del programa solo buscaban terrenos despejados, y él necesitaba el dinero del gobierno.

Las inconsistencias del programa se suman al historial del Gobierno federal en términos climáticos. El presidente ha favorecido a Petróleos Mexicanos (Pemex) a expensas de proyectos privados de energías renovables. Esto ha generado críticas de diversas ONG por construir una refinería de petróleo en un bosque de manglares y por los planes de un ferrocarril turístico que atravesaría la selva tropical. El gobierno de México se ha unido a Rusia y Brasil, fallando en la mejora de sus compromisos climáticos de París antes de la cumbre COP26 este otoño.

En 2019, López Obrador hizo caso omiso de los llamados para declarar una emergencia climática, aludiendo al programa Sembrando Vida y comentando que estaba “muy satisfecho” con su historial ambiental. “Se está haciendo todo lo posible por evitar que se destruyan los bosques”, dijo entonces. Apenas el mes pasado, se refirió al mismo tildándolo de “programa bendito” y regularmente lo aclama como el plan de reforestación más importante del mundo.

El proyecto puede citar éxitos, con unos 660 millones de plantas sembradas para finales de 2020. No obstante, los ambiciosos objetivos están lejos de ser suficientes con respecto a los compromisos adquiridos en el Acuerdo de París, dijo Adrián Fernández Bremauntz, director ejecutivo de la Iniciativa Climática de México, una ONG centrada en el medio ambiente.

También comentó que, este tipo de programas, si no están bien diseñados, pueden generar incentivos perversos. El sistema de pagos ha, en efecto, creado un dilema para las comunidades que han vivido en estos bosques durante siglos: talar su hábitat o no recibir ingresos que tanto necesitan.

Lacandones se niegan a talar árboles

Bernardo Chankin, líder de una aldea en la Selva Lacandona en Chiapas, dijo que menos de un tercio de las familias de su aldea pudieron acceder al programa porque la comunidad se negó a talar árboles. “Como lacandones nos dedicamos a la conservación”, dijo Chankin por teléfono. Ahora los ríos y pozos en su parte de Chiapas se están secando debido a la deforestación, dijo.

Otros, como José, el agricultor de Yucatán, dicen que sus comunidades no tienen más remedio. “¿Qué podemos hacer?” dijo. “Es la oportunidad que hay”.

Al parecer, el gobierno estaría haciendo poco para garantizar la durabilidad del proyecto. No se les pide a los agricultores que firmen contratos, solo cartas promisorias, dijeron dos participantes. El gobierno no ha registrado formalmente las áreas designadas para la madera, lo que genera incertidumbre sobre la concesión de los permisos necesarios para talar los árboles una vez que maduren.

Popr su parte, José Iván Zúñiga, gerente del equipo forestal de WRI México, aplaudió la ambición del gobierno y dijo que el problema era la prisa por implementar. Si ahora se hace bien y se mantiene hasta 2030, el programa podría capturar de dos a tres veces el carbono que se perdió al principio, dijo.

Una tasa de supervivencia de las plantas del 80% mitigaría 3.4-5.5 toneladas métricas de CO2 por año, mientras que una tasa del 40% significaría la mitad de estos valores, halló el estudio de WRI. Herrera y su equipo estiman que solo el 10-30% de los árboles plantados en algunas regiones sobrevivirán a más largo plazo.

Finalmente, el “potencial de Sembrando Vida es alto, pero sí es importante que el programa resuelva todos aquellos temas que tiene pendientes”, dijo Zúñiga. Es fundamental que registren legalmente las parcelas de tierra y garanticen que las hectáreas plantadas permanezcan en el sistema forestal durante al menos 30 años. De lo contrario, dijo, “todo se va a ir para abajo”.

*Información Bloomberg News.

 

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