Escrito por: Construcción, Gustavo Campopiano, Opinión, Sustainability & CSR, Sustentabilidad

Responsabilidad social en la industria de la construcción

construcción

Una organización socialmente responsable ha minimizado el impacto de sus operaciones en las partes interesadas y el medio ambiente

Gustavo Campopiano
Líder de responsabilidad social en Costa Rica y Canadá

Tres historias interesantes

El gigantesco templo de Abu Simbel, al sur de Egipto, tiene una importancia capital en la historia humana. Sin embargo, hoy se encuentra a 200 metros del lugar en el que fue construido por Ramsés II hace 3 mil 300 años. En 1956, el gobierno decidió construir la represa hidroeléctrica de Asuán; hoy la 4º más importante del mundo, pero al concluirla, inundaría el templo y una decena de otros monumentos. La obra continúo por diez años sin que el gobierno ni las empresas constructoras prestaran atención a la inminente e irreparable pérdida cultural. Finalmente, los templos fueron salvados, removiéndolos de su lugar; un formidable proyecto de rescate cultural liderado por la Unesco.

En el noroeste de Argentina

En 1999 se construyó una central eléctrica de ciclo combinado de 600 MW en Argentina; con el fin de abastecer la demanda de la industria del cobre en Chile. Un proyecto que incluyó el tendido de una línea de alta tensión a través de la cordillera de los Andes. La central se asentó en las tierras de lo que solía ser un cementerio aborigen de la cultura San Francisco, subordinada al imperio inca. En este caso, cuando en alguna de las excavaciones se encontraba una vasija funeraria, los trabajos se detenían para que los arqueólogos aseguraran los restos. Un temprano reconocimiento de la cultura aborigen.

En Columbia británica

En 2018 y con un extraordinario presupuesto de 40 billones de dólares comenzó a construirse una planta de licuefacción de gas natural en el canal de Douglas, un fiordo del noroeste de Columbia británica, Canadá. En parte, asentado sobre un humedal de 500 hectáreas, marismas salobres y herbazales, hogar de un centenar de especies de pájaros (entre ellos, la emblemática águila calva), de cinco especies de peces, anfibios y mamíferos y también de la primera Nación Haisla, que todavía mantiene su tradición ancestral de subsistencia. Como el proyecto requiere la movilización de miles de trabajadores a esta área, el cliente y las empresas implementaron un programa para mitigar el impacto social de los trabajadores y de las obras en el medioambiente.

En estas tres historias separadas por 60 años de construcción de grandes proyectos, se muestra intacto, el principio de que el beneficio de la mayoría antecede al de las minorías; una evolución en la conciencia y el entendimiento del impacto social, cultural y medioambiental de una construcción. Se observa también el renacimiento del concepto de parte interesada, ya no limitada a la mayoría, a los clientes y a los accionistas. En la última, la parte interesada es el resultado de una evaluación previa a la ejecución del proyecto.

Desarrollo sostenible

Desafortunadamente, la construcción de proyectos tiene un efecto social, cultural y medioambiental, generalmente negativo, y proporcional a su magnitud, en algunas de las partes interesadas. Implica asumir la responsabilidad de evaluar sus impactos con anticipación y durante la ejecución, evitar, limitar, mitigar, y en última instancia, compensar a las partes interesadas por el impacto negativo.

Bajo la perspectiva de la responsabilidad social se entiende que un proyecto no solo tiene costo económico para inversores y clientes; también implica un costo social, cultural y medioambiental intangible y difícil de medir, pero real.

Las organizaciones (en particular las del ámbito de la construcción) entienden la responsabilidad social de diversas maneras, pero una definición completa debería aproximarse a la dada por ISO 26000, Guía de responsabilidad social.

Una organización socialmente responsable es aquella que ha minimizado el impacto de sus operaciones en las partes interesadas y el medio ambiente mediante un conducta ética y transparente, contribuyendo al desarrollo sostenible  y cumpliendo la normativa internacional.

Al incluir conceptos de desarrollo sostenible y conducta ética, la responsabilidad social ya es una filosofía organizacional de al menos tres variables: social, medioambiental y conducta ética.

La caridad, aunque meritoria, no es un sinónimo de responsabilidad social porque mientras la caridad puede realizarse fuera de la esfera de influencia de las actividades de la organización, donde no hay un impacto, y puede no ser planeada, la responsabilidad social requiere de una política organizacional, y en el caso de la construcción cada proyecto necesita evaluaciones y planeamientos específicos.

Responsabilidad social y medioambiente

Un impacto medioambiental negativo, consecuencia de las actividades de construcción, primero repercutirá en el medio ambiente y luego, indirectamente, en la comunidad. Cuando se introducen Hidrocarburos Poli Aromáticos (HPA), estos se transmiten por la cadena alimenticia a los seres humanos.

En el contexto de este ejemplo, una organización socialmente responsable debería reflexionar sobre sus procesos, el manejo de sus desperdicios. Medir, registrar y reducir su huella de carbono, divulgar principios medioambientales entre empleados, escuelas, universidades y la comunidad como formas de reducir su contribución al impacto medioambiental y de estampar su liderazgo.

Importancia de una conducta ética

International Business Attitude to Corruption reporta que un promedio de 30% de las empresas de todo el mundo informa haber perdido contratos en circunstancias en las que existe evidencia de soborno por parte del competidor exitoso. Estas cifras se validan mediante fuerte correlación con otra encuesta realizada por Transparency International poco tiempo antes.

Independientemente de un índice máximo de 38% en algún país latinoamericano, lo preocupante es que el mínimo de 18% en un país del norte de Europa, lleva a la conclusión de que los comportamientos no éticos están extendidos mundialmente.

El fraude, la corrupción, discriminación, lavado de dinero y soborno no son solo moralmente inaceptables, también distorsionan un ambiente de competencia sano; además incrementan la preocupación por la gobernabilidad de las organizaciones, afectan la eficiencia del trabajo y socavan la credibilidad entre los empleados.

Futuro en puerta

Los países europeos son inversores en América Latina y líderes en responsabilidad social; a través de su adherencia cada vez más generalizada a ISO 26000, que los obliga a aplicar los principios de responsabilidad social. ¿Podría esto crear en Latinoamérica un escenario futuro donde las inversiones europeas prefieran migrar hacia empresas con una visión de desarrollo sostenible?

En este escenario, la falta de un sistema de responsabilidad social causaría un impacto negativo en una parte interesada crítica, los accionistas.

 

 

 

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