Escrito por: Gobierno, Petróleo

¿Es México un barril sin fondo?

Ramsés Pech
Analista y asesor de economía e industria energética
Socio fundador en Grupo Caraiva – León & Pech Architects
Hoy tenemos la misión de evaluar el presupuesto: cómo ingresa y cómo se gasta, cuánto retorno se genera y qué significa un gasto a fondo perdido.
Con información de la Secretaria de Hacienda y Crédito Público (SHCP), datos de estadísticos de enero a junio del 2020 en contraposición al mismo período del 2019, podemos observar lo siguiente:
Ingresos. Es casi el mismo comparativo con el año anterior en lo acumulado, pero la parte petrolera ha tenido una contracción de más de 34% y, la parte no petrolera creció por un 6.49%, principalmente en la parte no tributaria. El IEPS a combustibles se redujo en un 1.10% y el IVA-ISR aumentó en alrededor del 7%.

Egresos. El Gasto Neto del Sector público aumentó en un 5.26%, comparado con el 2019, teniendo en el gasto programable un crecimiento del 7.67% y en el no programable se mantuvo el acumulado. Esto indica que hemos gastado por arriba de lo planeado.

En el mundo tenemos una nueva realidad que estará fundamentada bajo la condicionante del número de personas afectadas de la población económicamente activa dentro de una nación y, el objetivo será el de tener una menor población con secuelas. Ante esta situación existen tres rubros importantes que tienen que ser cubiertos por parte de una nación: Salud, Educación e Infraestructura-Energía.
Los anteriores ejes dependerán en prioridad de cada nación, de acuerdo con el sentido común en preponderancia y, dependerá de la cantidad de dinero disponible del presupuesto anual para cubrir cada rubro.
Hoy, la salud requiere una mayor inversión ante la incertidumbre de la evolución del virus, habiendo la posibilidad de una nueva cepa o la mutación de este, todo dependerá de la cantidad de recursos públicos que pueda cubrir a un sector de población vulnerable y que no tiene acceso a la salud. El ser humano tendrá que incrementar su gasto personal para poder cubrir lo que el país no puede proporcionar, reduciendo la capacidad de ahorro, acceso a educación o simplemente la reducción de su flujo de efectivo circulante, para destinar una mayor cantidad de recursos al cuidado de la salud, lo que confirma que el mercado de salud tendrá un mayor peso a nivel mundial.
La educación será una segunda apuesta, la cual dependerá del dinero disponible para poder tener acceso a un mayor nivel de conocimiento, debiendo seleccionar entre la incertidumbre de enfermarse de COVID-19 u otra enfermedad. De invertir en educación, se pasará a pagar de acuerdo al poder adquisitivo que cada persona pueda tener a mediano plazo, ante la reducción de salarios, pérdidas de empleos y el incremento del costo de vida para sobrevivir.
Si aumenta el número de pobres y disminuye el poder adquisitivo, la educación pública será la que deberá proporcionar el conocimiento necesario para que una nación pueda tener un crecimiento con población económicamente activa, con un alto perfil calificado. Sí, los países que tienen una visión de un mayor gasto en cobertura social dependerán del monto asignado y de la facilidad de tener estos recursos, destinando a la población a depender de un conocimiento mínimo; si la educación pública no incrementa el nivel de sabiduría en el entendimiento y adaptación a la nueva realidad, entonces no habrá soberanía.
Infraestructura-Energía, ambas anteriormente separadas y ahora en 2020 surgen como un híbrido económico, sin despegarse una de la otra. Un país no puede desarrollar una economía activa-circulante y volverse atractivo para acceder a la inversión privada en sintonía con la pública; con visión de estado y una misión de nación, no de un periodo de tiempo, sino de largo plazo.
El recurso financiero ideal balanceado para esto dependerá de cada nación, del riesgo y control que deseen tomar dentro de los mercados de ambos ejes. Entre más inversión pública esté incluida, menor cantidad de recursos habrá en salud y en educación.
Los tres nuevos rubros determinarán el crecimiento económico de un país en función con el tiempo para proyectos planeados, diseñados, construidos y puestos en marcha; distraer recursos en programas de fondos perdidos solo son la creación de fideicomisos sin valor.
La pregunta es: ¿La soberanía del país o la ideología de las diferentes corrientes actuales son una visión individual de cada una de ellas? ¿o es la suma de hechos alineados a una Misión de largo plazo y, que incluya a la parte de salud, educación e infraestructura-energía como ejes principales?, dejando claro que cualquier nación sin energía no tendrá desarrollo económico, industrial, tecnológico y turístico. En México, durante junio la parte social del gasto representó el 68% y el desarrollo económico el 31%, como se observa en la siguiente tabla:

 
Para junio de 2019, la salud no aumentó el gasto ni la educación marginal y solo aumentó la protección social. La parte energética representó el 28% y tuvo un crecimiento en dinero de entre el 5 y 10% en forma anualizada bajo la visión del 2000 a 2019, pero este podría aumentar para requerir 3 veces más de lo actualmente ejercido en el mercado.
Hoy el dinero no tiene valor si no está ligado en el 2020 a un propósito, para saber usarlo.
 

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