Escrito por: Opinión, Pablo López Sarabia

Riesgos de un desconfinamiento fallido: crecimiento en forma de “W” y pérdidas humanas

Dr. Pablo López Sarabia

Profesor-Investigador de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Tecnológico de Monterrey, Campus Santa Fe.

El retorno a las actividades económicas tras la parálisis generada por el COVID-19 es necesario, pero requiere de una planeación que reduzca los riesgos de un rebrote de contagios que colapse el sistema de salud que ya se encuentra en un escenario de estrés. Portugal parece darnos las primeras claves: reapertura gradual y controlada, pruebas masivas a la población para afinar la estrategia, consenso político; así como una participación ciudadana solidaria y ética. 

La solución a los problemas que enfrenta la economía mundial por el COVID-19, se encuentra en el terreno de la salud y por tanto no existe dilema entre salvar vidas y reactivar la economía. El largo confinamiento de la población de manera voluntaria o forzosa ha dejado una estela de efectos negativos en materia económica y social que ha llevado a los gobiernos a plantearse una falsa disyuntiva, salvar vidas o reactivar la actividad económica. Más aún, en un escenario donde no se vislumbra una vacuna o tratamiento generalizado en el corto plazo. Sin duda, las acciones de mitigación de la pandemia han provocado una contracción de la economía y un aumento del desempleo en economías avanzadas y emergentes; mismas que han sido paleadas con acciones de política monetaria y fiscal de magnitud diferenciada dado el espacio macroeconómico y de endeudamiento de cada país. También debemos reconocer que el confinamiento ha permitido un respiro al sistema de salud e incrementar la probabilidad de salvar vidas. Sin embargo, existe un agotamiento social (deterioro de la salud emocional y mental, incertidumbre por el futuro económico, violencia intrafamiliar y de género, racismo, xenofobia, intolerancia hacia los conciudadanos; por mencionar algunos) y fallas de mercado y del gobierno que requieren una apertura económica gradual y responsable de todos los agentes económicos. El éxito de la estrategia tiene como base el conocimiento profundo del comportamiento del virus y mantener el fortalecimiento de la infraestructura de salud y la investigación científica.

Los riesgos de una economía de freno y arranque son altos, por lo que requerimos de elementos básicos para la reapertura, ya que de lo contrario el crecimiento económico experimentará una forma de “W”. España una de las economías europeas más golpeadas por la pandemia del COVID-19, inició su proceso de desconfinamiento en cuatro etapas que incluye una de prueba, el pasado 11 de mayo. Por lo que respecta, a los EUA se tienen una reapertura parcial de los 50 estados de la Unión desde el 21 de mayo; la Florida ha mostrado los riesgos de la apertura, playas saturas de personas que no guardan el distanciamiento social en un estado con una gran población de la tercera edad. El 1 de junio, México retomará de manera parcial sus actividades económicas, aunque el arranque a mitad de mayo de los denominados municipios de la esperanza dejo más dudas que respuestas. Si consideramos que la pandemia en México tiene un retraso de 28 días con España y 38 días con EUA, la reapertura parece prematura; más aún, si consideramos que el área metropolitana de la Ciudad de México experimenta una fase creciente de contagios y en el país persisten riesgos económicos y financieros importantes (no olvidemos que las ciudades de Guadalajara y Monterrey muestran un rezago en el pico de contagios que podría juntarse con la temporada de influenza estacional). La experiencia de Portugal puede ser útil, a fin de tener los básicos que permitan un exitoso desescalamiento: i) pruebas masivas a la población que permitan diseñar una estrategia eficiente de apertura, ii) consenso político que permita un plan de apertura coordinado (recordemos que el virus no conoce de fronteras municipales y estatales), iii) apoyo a los sectores que no tendrán una recuperación en el corto plazo (turismo, transporte y servicios) y iv) una participación ciudadana responsable para con sus conciudadanos (la experiencia del día de las madres y las filas en búsqueda de cerveza deben hacernos reflexionar sobre nuestro papel en la crisis sanitaria).

La “nueva normalidad” económica después del COVID-19 enfrentará desafíos en varios frentes que podría ayudar a replantear lo que deseamos como sociedad. Destacan: i) nuevos mecanismos para resolver la creciente desigualdad social e informalidad (ingreso básico universal), ii) revisar el funcionamiento de los organismos multilaterales que permitan respuestas coordinadas y efectivas a problemas globales (escasez de agua, cambio climático, pandemias, etc.), iii) fortalecer la ciberseguridad, iv) mejorar la infraestructura en telecomunicaciones y el acceso masivo al internet, v) replantear las ciudades inteligentes que por definición congregan a una gran cantidad de personas, vi) acceso a energías baratas y amigables con el medio ambiente, vii) mitos y realidades del teletrabajo y la educación a distancia, viii) los desafíos de la salud en un entorno donde la pirámide demográfica se está invirtiendo; ix) replantear los modelos políticos y de participación ciudadana que garanticen las libertades individuales, pero también el bien colectivo; x) reducción de la brecha digital y el acceso a los bienes públicos; xi) el papel de las redes sociales y los medios de comunicación en un entorno de “fake news”; y xii) el papel que tendrá la ciencia de datos, la medicina genómica, la 5G y la inteligencia artificial.

Dr. Pablo López Sarabia

Profesor-Investigador de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Tecnológico de Monterrey, Campus Santa Fe.  E-mail: plsarabia@tec.mx

 

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