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COVID-19 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible: Salud y Bienestar

Mariana Di-Bella Díaz de León y Pablo López Sarabia 
Miembros del Programa de Iniciación a la Investigación, PIICETEC. Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno, Tec de Monterrey, Campus Santa Fe. E-mail: cina_so@hotmail.com y plsarabia@tec.mx
La crisis del SARS CoV-2 ha puesto en evidencia las deficiencias de los sistemas de salud a nivel global. El rezago en la formación de personal médico y la baja inversión en infraestructura es evidente. En México el gasto en salud es del 5.5% del PIB, nivel por debajo del promedio de la OCDE de 8.8% del PIB. 
El Objetivo de Desarrollo Sostenible 3 (ODS 3): Salud y Bienestar, es el primero que viene a la mente durante la pandemia del COVID-19. La Universidad Johns Hopkins en Estados Unidos ha reportado que, al 24 de mayo, van más de 5.4 millones de contagios confirmados en el mundo, con un total de 345 mil defunciones. La enfermedad continúa propagándose y persisten riesgos de rebrotes que podrían colapsar los sistemas de salud. El ODS 3, con metas como cobertura sanitaria universal y el refuerzo internacional a la reducción de riesgos a la salud, parece ser a veces muy optimista en lo que pretende alcanzar, tomando en cuenta el contexto en el que estamos viviendo.
La pandemia ha dejado al descubierto las deficiencias de las instituciones de salud en todo el mundo. La falta de pruebas para detectar el nuevo coronavirus ha sido una constante a nivel mundial. Al no poder llevar un control acertado sobre el número de infectados, las autoridades han tenido que recurrir al confinamiento para reducir el riesgo de contagio, pues les es imposible controlarlo si no se sabe quién está infectado y quién no. Más allá de esto, los países se enfrentan a otro problema de falta de recursos, y un limitado número de camas y de ventiladores disponibles para tratar a los pacientes. Además, en muchos casos los doctores y enfermeras tampoco son suficientes para atender todos los casos que llegan a los hospitales. Más aún, hospitales provisionales se han instalado en distintas ciudades alrededor del mundo y, en algunos casos como Nueva York, han tenido que recurrir a fosas comunes debido a la cantidad de muertes.
Las instituciones internacionales en materia de salud también han tenido que enfrentar retos importantes. Ante la suspensión de aportaciones de Estados Unidos, principal contribuyente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), este organismo internacional de salud quedaría mucho más frágil de lo que es ahora. Sin las aportaciones de su contribuyente principal, los programas para erradicación de enfermedades y reducción en la transmisión de las mismas se vería profundamente comprometidos. A pesar de lo anterior, aún se están llevando a cabo algunas acciones que dan esperanza al cumplimiento del ODS 3, tal como es la iniciativa que México presentó ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) el día 20 de abril. La iniciativa tiene como objetivo promover la cooperación internacional para garantizar el acceso mundial a los medicamentos, las vacunas y el equipo médico con los que hacer frente al COVID-19. Con el apoyo de 179 países, tal propuesta se ha convertido en la Resolución 74/247 que podría apoyar el cumplimiento de la meta 3.8 del ODS 3: lograr la cobertura sanitaria universal, en particular la protección contra los riesgos financieros, el acceso a servicios de salud esenciales de calidad y el acceso a medicamentos y vacunas seguros, eficaces, asequibles y de calidad para todos.
El sector salud está pasando por una crisis estructural importante, tanto a nivel internacional como dentro de cada país. Las medidas de prevención que se han tomado no siempre se han implementado a tiempo, o han sido ineficientes. Por consiguiente, las instituciones de salud se ven sobrepasadas por un virus que aún no se sabe cómo tratar. No obstante, a pesar de que en algunos sitios las cifras de defunción siguen en aumento, no se pueden ignorar los esfuerzos que, como el de México, siguen luchando por encontrar una forma de solucionar esta situación. Así pues, si bien a veces resulta difícil mantener el optimismo respecto al ODS 3, vale la pena entender que hay metas en las que se sigue trabajando y que muy seguramente, después de la pandemia los gobiernos buscarán la forma de reforzar las instituciones de salud tanto globales como nacionales.

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