Contingencia sanitaria agravará la desaceleración del crédito y la captación bancarias

Análisis BBVA / Research

Iván Martínez Urquijo / Carlos Serrano / Mariana A. Torán

La pandemia de Covid-19 encuentra en franca desaceleración tanto al crédito como a la captación bancarias. Resultado de un 2019 caracterizado por el estancamiento económico, la actividad de intermediación bancaria mantuvo durante febrero la tendencia de desaceleración observada ya desde varios meses atrás. El saldo de la cartera de crédito vigente otorgado por la banca comercial al sector privado no financiero (SPrivNF) creció a una tasa nominal de 5.4% (1.7% real). Este crecimiento nominal fue prácticamente igual que el observado en enero (5.3%) y significativamente por debajo del desempeño observado los dos años anteriores (10% en feb-19 y 12.3% en feb-18). Por su parte, durante el segundo mes del año, la captación tradicional (vista + plazo) aumentó marginalmente su tasa de crecimiento anual nominal en 0.4% respecto al mes previo, para ubicarse en 5.9% (2.1% real), sin embargo, aún se mantuvo significativamente por debajo de la tasa nominal de 7.6% observada en febrero de 2019 o de la tasa nominal anual de 10.4% registrada en febrero de 2018.

En el corto plazo, las necesidades de liquidez de empresas y familias para encarar los primeros efectos negativos de la contingencia sanitaria se reflejarán en un incremento en el uso de las líneas de crédito que ya tienen contratadas con la banca. Sin embargo, la expectativa de recesión económica derivada de la pandemia hace prever que la desaceleración de la captación y el otorgamiento de crédito se amplificará a tal punto que ambos rubros pudieran registrar tasas de crecimiento negativas durante 2020. Esto como resultado de la reducción esperada en los ingresos de hogares y empresas que a su vez se traducirá directamente en una merma de su capacidad de pago y ahorro, así como en la percepción de un entorno menos favorable para la inversión y el consumo que generaría una mayor cautela en la toma de decisiones de financiamiento y ahorro.

Continúa la desaceleración del crédito a empresas con perspectivas poco alentadoras para su recuperación

En febrero de 2020 la tasa de crecimiento anual nominal del crédito bancario a empresas fue 4.1% (0.4% real). Este crecimiento fue marginalmente mayor al del mes inmediato anterior (3.8%) y estuvo significativamente por debajo del resultado registrado en febrero de 2018 y 2019 (15.6 y11.8% respectivamente). En promedio, el financiamiento a empresas representa 57% del saldo de crédito total al SPrivNF, por lo que el desempeño de este segmento marca en gran medida la pauta para el dinamismo observado en el crédito total.

La demanda de crédito bancario a empresas está asociada con el ritmo de crecimiento de la actividad económica, pues el aumento del ingreso que resulta de la expansión económica favorece que surjan nuevos proyectos de inversión rentables. La menor disponibilidad de proyectos rentables aunada a la falta de certidumbre para realizarlos es una de las causas por las que las empresas demandan menos financiamiento.

Con el resultado de febrero el crédito a empresas acumuló cinco meses en los que su tasa de crecimiento nominal se ubicó debajo de 5.0%, nivel no registrado desde julio de 2010. El comportamiento observado de la actividad económica, la inversión fija bruta y de la confianza empresarial en los últimos seis meses señalan que el entorno macroeconómico no fue propicio para que el crédito bancario a empresas creciera a tasas más elevadas. Respecto a la actividad económica, en los últimos seis meses el IGAE mostró una variación anual promedio de -0.7%. Esta caída fue generada en parte por la fuerte contracción en la inversión (la variación anual promedio en el último semestre del índice de inversión fija bruta fue de -5.8%). En lo que respecta a las expectativas del sector empresarial, estas continuaron deteriorándose, como lo muestran los indicadores de confianza empresarial que desde la segunda mitad de 2019 registran contracciones a tasas anual. Así, en el sector construcción dicho indicador registró una caída promedio en los últimos seis meses de (-)4.9%, en las manufacturas la caída fue de (-)7.5%, en el comercio (-)7.9% y en los servicios (-)8.9%. Hay que destacar que, aunado a lo anterior, es previsible un deterioro adicional en los incentivos a invertir como resultado de las señales negativas asociadas a la cancelación de la planta de Constellation Brands, al amparo de una consulta que no fue organizada por los institutos electorales como marca la ley y en la que sólo participó 3% de la población.

En el corto plazo podría observarse un repunte en la tasa de crecimiento nominal del crédito bancario a empresas, debido, por un lado, al uso de las líneas de crédito para atender necesidades inmediatas de liquidez y por otro, al efecto valuación del tipo de cambio que incrementaría el saldo en pesos de los créditos contratados en moneda extranjera. Sin embargo, la caída esperada en la actividad económica derivada de la pandemia Covid-19 plantea un escenario poco alentador para el desempeño del crédito a las empresas. La reducción en los ingresos de las mismas, aunada a la ausencia de un programa contra-cíclico de amplia escala que apoye su recuperación, anticipa una mayor probabilidad de que empresas que eran financieramente viables antes de la contingencia sanitaria caigan en problemas de insolvencia. Así, aunque la necesidad de financiamiento pudiera incrementarse, la capacidad para cumplir en tiempo y forma con los compromisos financieros podría verse seriamente mermada para varias empresas, lo que llamaría a una mayor cautela para evaluar la capacidad de pago de los posibles acreditados.

Debilidad en el consumo privado y el empleo prolongan la desaceleración del crédito al consumo

En febrero de 2020 la tasa de crecimiento anual nominal del saldo de la cartera de crédito al consumo fue de 4.8% (1.1% real). Este crecimiento fue ligeramente menor al del mes anterior (4.9%) y a las tasas de crecimiento nominal observadas en feb-18 (8.2%) y feb-19 (6.1%). Con este resultado, el crédito al consumo continúa registrando una tendencia a la baja, acumulando 32 meses con tasas de crecimiento nominal por debajo de los dos dígitos. En febrero de 2020, el crecimiento observado en el crédito otorgado mediante tarjetas fue suficiente para compensar la desaceleración del resto de los segmentos. Así, el crédito otorgado a través de tarjetas registró una tasa de crecimiento nominal de 5.2% (vs 5.0% registrado el mes previo) mientras que el crédito automotriz alcanzó una tasa de 7.9% en febrero (vs 8.2% de enero), el de nómina registró una tasa de 7.4% (vs 7.2% el mes previo) y los créditos personales profundizaron su desaceleración (con una contracción de -2.8% vs -2.4% en enero).

El bajo dinamismo del crédito al consumo refleja la desaceleración de la actividad económica y en particular del consumo privado. El indicador de consumo privado mostró un crecimiento promedio de 0.8% entre feb-19 y ene-20 (última información disponible), menos de la mitad del promedio observado el año previo (de 2.3%). Otro factor que también influyó en el desempeño de este tipo de crédito es el menor crecimiento del empleo formal. En particular, el número de trabajadores registrados en el IMSS registró en febrero de 2020 una tasa de crecimiento de 1.5%, prolongando por 21 meses la desaceleración registrada en el indicador desde junio de 2018.

El menor número de trabajadores formales implica un menor número de acreditados potenciales a los cuales se puede ofrecer créditos de nómina o de cualquier otro tipo que tengan como requisito que el cliente cuente con un empleo o fuente de ingreso estable para calificar como sujeto de crédito. Por lo anterior, un escenario en que el empleo formal siga desacelerándose e incluso se contraiga sería poco favorable para la reactivación del consumo y de la demanda de crédito para financiarlo.

Al igual que en el caso del crédito a las empresas, el crédito al consumo podría registrar un repunte temporal en el corto plazo asociado a la llegada de la pandemia de Covid-19 al país. Este incremento estaría asociado a una demanda temporal de crédito para financiar el consumo de bienes de primera necesidad a través principalmente de tarjetas de crédito. Sin embargo, este impulso vería una rápida convergencia a tasas de crecimiento por debajo de las observadas previo a la contingencia sanitaria, sin descartar una rápida contracción, de no reactivarse rápidamente la actividad económica y paralelamente mantener y paulatinamente incrementar el número de empleos formales que permitan preservar el ingreso de las familias de forma que se proteja su capacidad de compra. Este panorama parece poco probable ante la ausencia de una decidida política fiscal contra-cíclica, lo cual hace esperar fuertes caídas en el empleo formal y en el consumo. En particular, se espera la pérdida de alrededor de 900,000 empleos formales y la estimación del indicador de consumo de BBVA indica que podrían observarse reducciones alrededor del 20%, lo que se relejaría en caídas en la cartera de consumo que podrían llegar a ser superiores a las observadas en 2009.

Crédito a la vivienda sigue creciendo a doble dígito, pero se anticipa pérdida de dinamismo

En febrero de 2020 el crecimiento anual nominal del saldo de la cartera de crédito vigente otorgado por la banca comercial a la vivienda fue 10.5% (6.5% real). Este crecimiento fue similar al del mes anterior (10.4%) y mayor al observado el mismo mes de 2019 (9.9%). El dinamismo observado en el número de empleos permanentes del IMSS de años anteriores (entre mediados de 2016 y mediados de 2018, se observaron tasas de crecimiento cercanas a 4%), impactó positivamente y con rezago el desempeño del crédito a la vivienda. Este factor, aunado a la relativa estabilidad de las tasas de interés para este tipo de crédito, permitió lograr tasas de doble dígito por espacio de doce meses.

El impacto positivo del empleo formal permanente sobre el crédito hipotecario se debe principalmente a que estos trabajadores cuentan con un empleo estable que les permite comprobar la fuente de sus ingresos. Además, este tipo de empleos facilita verificar un cierto periodo de permanencia en el empleo. Tanto la fuente de ingresos estable como la antigüedad laboral reducen el riesgo de impago de un posible acreditado, particularmente en el caso de un crédito de mayor plazo como son los créditos para la adquisición de vivienda.

Se esperaba que la paulatina desaceleración que empezó a observarse en el crecimiento del empleo formal permanente a partir de junio de 2018, se empezara a reflejar en la dinámica del crédito hipotecario hacia mediados de 2020. Sin embargo, las medidas de confinamiento y la pérdida de empleos recientemente observados por la contingencia sanitaria podrían acelerar la pérdida de dinamismo en esta cartera de financiamiento. Adicionalmente, el panorama de contracción generalizada de la actividad económica por causa de la pandemia Covid-19, acompañado del deterioro paulatino de los indicadores de empleo en los siguientes meses, podrían agravar y prolongar sus efectos negativos sobre el desempeño del crédito hipotecario. Esto no sólo por la reducción del número de acreditados potenciales, sino también por la merma en la capacidad de pago de los hogares que podría derivarse por la disminución del ingreso de las familias. La caída pronunciada y lenta recuperación del empleo formal anticipan un panorama de crecimiento modesto o incluso nulo para el crédito hipotecario en el mediano plazo. Incluso, debido al efecto rezagado de las variables de empleo e ingresos sobre esta cartera, se espera que tasas crecimiento similares a las observadas en 2019 (de doble dígito) podrían observarse de nuevo hasta 2025.

Debilidad de la captación sienta un escenario de vulnerabilidad ante la pandemia

Durante el mes de febrero el crecimiento de la captación de recursos del sistema bancario mantuvo la debilidad que ha experimentado desde la segunda mitad de 2019. Si bien los efectos más significativos de la pandemia de Covid-19 sobre la economía mexicana comenzarán a reflejarse en marzo, en febrero algunos componentes de la captación ya mostraron una desaceleración que podría ser una muestra del comportamiento que se espera en los próximos meses. En efecto, durante el segundo mes del año comenzó a observarse una recomposición entre los instrumentos de ahorro bancario en favor de alternativas más líquidas. En particular, los depósitos a la vista registraron una tasa de crecimiento nominal mayor a la registrada el mes previo (7.1% vs 6.3%), mientras que los depósitos a plazo y los fondos de inversión de deuda (FIDs) mostraron el movimiento contrario al reducir su dinamismo respecto a enero de 2020 (de 4.4 a 4.0% y de 10.4 a 9.1% respectivamente).

Ante la reducción de la tasa de interés de política monetaria desde agosto de 2019, el ahorro a plazo tanto de personas físicas, como de empresas registró un crecimiento negativo a tasa anual en términos reales. No obstante, el crecimiento del total de los depósitos a plazo fue positivo, dado el significativo incremento de los recursos acumulados por el Sector Público No Financiero (SPubNF), que en el 2019 registraron una tasa de crecimiento anual promedio de 92.1% en términos reales (98.8% nominal), dinamismo que permitió a este tipo de depósitos duplicar su participación en el total (de 1.8% en dic-18 a 3.7% en dic-19). En febrero esta tasa de crecimiento se redujo hasta un 41.0% (46.2% nominal), la cual representa su menor nivel desde marzo pasado. Esta reducción en el mes de febrero podría estar asociada un menor subejercicio del gasto público, en comparación con lo observado en 2019. No obstante, lo más relevante es que, ante las extraordinarias demandas de recursos por parte del sector salud para enfrentar la pandemia, los recursos acumulados por el SPubNF podrían utilizarse en los próximos meses con lo que la tasa de crecimiento anual en de sus depósitos a plazo experimentará una continua caída. En este escenario se desvanecería rápidamente el impulso que estos depósitos aportaron al total de la captación a plazo.

El resto de los componentes de la captación a plazo mantuvo la debilidad de los últimos meses ante las menores tasas de interés. Las tasas de crecimiento anual en términos nominales de la captación a plazo de personas físicas y empresas (75% de la captación total a plazo) se ubicaron en 0.9 y 0.2% (-2.7 y -3.4% real), respectivamente, con lo cual acumulan siete meses creciendo por debajo del 5.0% nominal y seis meses consecutivos con tasas de crecimiento real negativas. Hacia delante se espera que se profundice la caída de la captación a plazo en estos segmentos, no sólo por el ciclo de relajamiento monetario de Banxico, sino porque la recesión económica que se avizora impedirá dedicar recursos al ahorro de mediano plazo. Basta recordar que en 2009 la recesión de -5.0% y la reducción de 375 puntos base en la tasa de fondeo se tradujeron en una reducción de alrededor de 27 puntos porcentuales promedio del crecimiento en términos reales de la captación a plazo de personas físicas y empresas. De esta manera, se puede afirmar que hay altas probabilidades de que la captación total de recursos a plazo (40% de la captación tradicional), cuyo crecimiento anual en términos nominales alcanzó el 4.0% en febrero (0.3% real), roce el nulo crecimiento nominal y llegue incluso a tornarse negativa en términos reales por primera vez desde noviembre de 2014.

El segundo componente de la captación de recursos del sistema bancario que presentó una relevante desaceleración durante el segundo mes del año fue el de los FIDs. Hacia el último tercio de febrero, cuando los casos de Covid-19 se incrementaron en Italia, la volatilidad de los mercados financieros repuntó. Como consecuencia, el tipo de cambio registró una depreciación de 4.2% en el mes, al tiempo que las tasas de interés de la deuda gubernamental comenzaron a registrar un recorrido al alza que estuvo alrededor de los 20 puntos base durante el mes en cuestión. El comportamiento de los FIDs ha mostrado ser sensible a la volatilidad de los mercados financieros, particularmente a la volatilidad cambiaria, por lo cual se considera que este es el principal factor detrás de la desaceleración de la tasa de crecimiento anual en términos nominales a niveles de 9.1% (5.2% real), rompiendo con este resultado la racha favorable de crecimiento a doble dígito observada entre may-19 y ene-20. Cabe señalar que esta tasa en términos reales es la más baja desde abril de 2019. El hecho de que el punto más álgido de la volatilidad de los mercados financieros haya estado en marzo, hace pensar que la desaceleración del crecimiento de los FIDs puede continuar.

Finalmente, el componente de la captación de recursos a la vista (60% de la captación tradicional) registró cambios marginales en febrero. Los depósitos de disponibilidad inmediata de las personas físicas mantuvieron una tasa de crecimiento anual nominal de doble dígito (13.5% nominal). Sin embargo, registraron una ligera reducción en su crecimiento anual en términos reales al pasar de 9.9% en enero a 9.5% en febrero. El efecto sustitución desde los depósitos a plazo podría haber contribuido a este crecimiento, no obstante, ante la inminente pérdida de empleos formales por las medidas de aislamiento, y por la recesión económica en sí misma, sería de esperarse que este tipo de depósitos registre una desaceleración importante a partir del mes de marzo. En lo que respecta a los depósitos a la vista de empresas, estas registraron un crecimiento anual en términos nominales de -0.9% (-4.4% real), con lo cual ya suman once meses consecutivos con tasas de crecimiento nominal anual negativas (periodo que se extiende a dieciocho meses si se consideran tasas reales). Este comportamiento ha estado influido por la prolongada caída en la inversión privada (Formación Bruta de Capital Fijo), que en diciembre registró un crecimiento anual real de -3.7%, con lo cual ya suman 16 de los últimos 17 meses con tasas de crecimiento en terreno negativo. Hacia delante es muy probable que las empresas incrementen significativamente el uso de estos recursos para tratar de cubrir sus gastos fijos, dada la suspensión de actividades por la cuarentena y ante el limitado apoyo por parte del gobierno federal.

En suma, el mes de febrero corroboró la falta de dinamismo en el crecimiento de la captación de recursos del sistema bancario. Esta debilidad coloca a la captación en una posición vulnerable frente a los efectos adversos que la pandemia de Covid-19 tendrá sobre la economía y los mercados financieros.

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