¿Qué sucedió con los grandes planes hidroeléctricos?

Santiago Barcón

Director general de Baorgg

Si hacemos memoria antes de asumir la actual administración el poder declaró repetidamente que se impulsaría el desarrollo de la energía eléctrica generada por agua. Poco ha sucedido.

La generación basada en la energía que contiene el almacenar agua, al igual que el paso de ella en su cauce natural, forma una parte muy importante del total de la matriz energética mundial. Cerca del 20% del total del consumo proviene de ella y en algunos países, como Colombia y Brasil, sobrepasa el 70%.

En México contamos con grandes embalses, notablemente en el sureste y occidente del país, que han sido anclas importantes de nuestro sistema eléctrico. Muchas tienen ya décadas y existe la capacidad de repotenciarlas, instalar generadores que entreguen más energía usando el mismo caudal, así como el desazolvar para aumentar su capacidad de generación. Ambas ideas son de aplicación común y representan una gran oportunidad que debería de implementarse a la brevedad.

Dicho lo anterior el construir presas nuevas es cada día un reto mayúsculo y con barreras que enfrenta, en particular en México, lucen muy complicadas. Elaboremos.

En primer lugar, como resulta evidente, el proyecto hay que realizarlo donde se cuente con el recurso hídrico que normalmente no se localiza cerca de los grandes centros de consumo. Esto se soluciona con líneas de transmisión, pero ya hemos hilado sobre lo atrasado -y débil- que está nuestro sistema y la dificultad de construir la infraestructura necesaria básicamente por problemas sociales. Esto nos lleva a que una presa representa el relocalizar comunidades puesto que algunas quedarán bajo las aguas. Aunemos el impacto ecológico no tan solo de las zonas inundadas sino el de detener el flujo natural del agua su impacto en marismas, hábitat ecológico y forma de vida de las comunidades. Parece ser un reto formidable y transexenal lo que nos da una idea de porque hace muchos años que no vemos proyectos de esta índole.

Como segundo punto el que las instalaciones, como es obvio, requieren de un flujo constante de agua. Las grandes presas construidas en el cauce del río Santiago en Nayarit, El Cajón y La Yesca, tienen factores de planta ridículos. Este valor nos indica qué tanto por ciento del tiempo están generando, menos del 40% hacen que los proyectos sean elefantes blancos que jamás pagarán su inversión. Las dos presas mencionadas, que costaron bastante más de mil millones de dólares cada una, no llegan -en números oficiales- al 25 % que creo no son todo lo exactos que deberían. Sirva un ejemplo: La presa más grande del mundo es Tres Gargantas en China con una potencia de 18 Gigawatts (GW) seguida por Itaipú en Brasil y Argentina con 12 GW. Sin embargo, la del Cono Sur produce más energía medida en KWH dado que cuenta con un recurso hídrico mucho mayor.

Tercero, algo que aprendí de la arqueología. Visitando un sitio maya estaban los arqueólogos haciendo su labor en un espacio de unos 200 metros cuadrados. Más de la mitad estaba con una pequeña barda lo que me llamó la atención y pregunté cuál era el propósito de ella. La respuesta: “Para las siguientes generaciones que con certeza tendrán mejores métodos y lograrán obtener más información que nosotros” Pues lo mismo con ríos que aún no tienen presas: hay que dejarlos sin interferir con ellos.

En cuarto sitio que el verdadero potencial hídrico está en las pequeñas plantas y en el almacenamiento por rebombeo. Ambos grandes olvidados en México pero que forman una parte primordial en un sistema eléctrico diversificado. En cuanto al rebombeo, que consiste en tomar agua que ya se utilizó para generar y volverla a llevar a una reserva que pueda aprovecharse de nuevo, Suiza, Francia, Noruega y Japón hacen uso extenso de esta tecnología. Aunemos que se complementa con las energías renovables, si por ejemplo a las 2 am, donde el consumo es muy bajo, se tienen vientos propicios esa energía se usa para bombear el agua y utilizarla cuando la demanda la requiera.

La micro y mini hidroeléctrica tienen enormes ventajas ya que su huella ambiental es mínima y pueden proporcionar con facilidad energía a las comunidades cercanas. Los que han tratado de desarrollar estos proyectos se enfrentan a cacicazgos y otras barreras que impiden su materialización, de nuevo los problemas sociales.

Dicho lo anterior llegué a pensar, después del triunfo de AMLO, que muchos de estos proyectos podrían materializarse porque sería más fácil el diálogo aunado a que generan más empleo y apoyan a los vecinos a los proyectos. Además, irónico, se encuentran en las zonas de mayor necesidad. Al parecer me equivoqué y me comentan que resulta aún más complicado.

En cuanto escribo estas líneas, finales de febrero, no se ha publicado aún el Plan de Infraestructura Energética por lo que sólo se puede especular, pero lo que resulta evidente poco se podrá terminar en el sexenio que corre ya que toman varios años desarrollarlos.

Dado que el país es muy competitivo en manufactura veremos muchos proyectos de generación térmica en sitio, tal como lo ha hecho Kia en Nuevo León, aunado a proyectos fotovoltaicos. No la mejor solución, pero en estos casos siempre recuerdo una entrevista que hicieron a Maurice Chevalier ya en edad muy avanzada donde le cuestionaron qué le parecía llegar a viejo y respondió: “Mejor que la alternativa”

A diferencia con el actor galo, aquí si contamos con diversas opciones, pero no las aprovechamos. Triste pero a seguir bregando.

 

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