Escrito por: Opinión

¿Inteligencia artificial y energía?

Edición Energía Hoy, Febrero 2020
Hace tan solo un par de décadas este par de palabras sonaba como ciencia ficción, una especialidad que solo estaba en la arena de científicos buscando dar vida a robots humanoides que se asemejaran y actuaran como personas. Hoy en día esta área de la computación está más cerca de nosotros de lo que pensamos, en actividades muy cotidianas como búsquedas en Internet, aplicaciones de teléfonos celulares que reconocen instrucciones por voz, seleccionadores de fruta en líneas de empacado, análisis de tumores por medio de reconocimiento de patrones en imágenes, entre otras muchas aplicaciones.
La inteligencia artificial se define ordinariamente como una rama de la ciencia de la computación que busca desarrollar herramientas o dispositivos que realicen actividades o comportamientos inteligentes similares a los que realizaría un ser humano. Hasta ahora estas aplicaciones han sido hiper-especializaciones en donde incluso el ser humano sería lento al actuar ya que se requiere acceder y procesar millones de datos para poder tomar decisiones rápidamente.
Los avances en el desarrollo de computadoras con gran poder de procesamiento y acceso a millones de datos en línea han permitido esta tarea antes impensable. La era de la digitalización y la comunicación vía Internet ha incentivado el desarrollo de aplicaciones inteligentes que incluso permitan a los usuarios de tecnología ordinaria apoyarse en estos dispositivos para su toma de decisiones diarias. Es común en nosotros utilizar un “teléfono inteligente” por ejemplo y delegarle muchas tareas inclusive sin darnos cuenta, como por ejemplo qué libro debo comprar o qué correo electrónico no debo de leer.
Otras aplicaciones que se están desarrollando aceleradamente tienen que ver con la interacción inteligente entre dispositivos. Es en este ámbito en donde la energía empieza a verse beneficiada. La inteligencia artificial y la digitalización, que cada día irán más de la mano, están jugando un papel a favor de impulsar el desarrollo de tecnología que permita usar óptimamente la energía en toda su cadena de valor, desde la generación hasta el consumo de la misma, pasando de desde luego por lo que implica su distribución.
En términos de generación y distribución se está contando con información cada vez más fiable de dónde se necesita energía y cuál es el mecanismo más adecuado para entregarla, considerando las fuentes de generación más accesibles en esa región y aprovechando la mejor ruta de la red eléctrica. Pensar en millones de “prosumidores”, como hoy se conoce a consumidores de energía que también tienen capacidad de generarla, inyectando electricidad y demandándola al mismo tiempo sería impensable sin estas capacidades de cómputo hoy disponibles.
Desde el lado del consumo y en beneficio a la eficiencia energética existen áreas de oportunidad muy interesantes. He tenido oportunidad de conversar con algunos emprendedores que han creado modelos de negocio en donde utilizan dispositivos con capacidad de “entender” los perfiles de consumo de una familia; de pequeñas o grandes industrias; de complejos edificios o de la red de servicios públicos; y a partir de ellos sugerir protocolos de operación del equipo optimizando la energía requerida y brindando el mejor servicio al usuario final. Esto es posible al estar censando en cada instante las principales variables de operación del equipo y compartiendo esa información con otros dispositivos que requieren de la información para actuar.
Aplicando esta tecnología “inteligente” se logra tener un aprendizaje del uso de energía que permita decidir acciones cotidianas, como por ejemplo apagar un aire acondicionado en ciertos horarios conociendo que la habitación está vacía y que a partir de cierta hora será utilizada. Otro ejemplo ordinario es disminuir el sistema de alumbrado público conociendo que no hay nadie en la zona y que alguien se aproxima en calles previas. Aplicaciones más complejas en la industria también pueden ser apoyadas por la inteligencia artificial como el control de picos de demanda de una industria al disminuir la carga en equipos no críticos e interactuando con un sistema de generación fotovoltaica y de baterías de almacenamiento, todo en el mismo instante.
Otro tema muy relevante es que esta “inteligencia energética” habilita el uso de energías renovables que en algunos casos representa retos como la intermitencia y la incapacidad de operación en ciertos horarios o condiciones. Una red inteligente es capaz de gestionar óptimamente estas situaciones sacando provecho a esta energía limpia, reduciendo el impacto en la red eléctrica y por el contrario, maximizando su aplicación. Si esto lo multiplicamos por potenciales millones de sistemas de generación distribuida hace manejable lo impensable. Además, con la llegada del concepto de “blockchain” cada paquete de energía podrá ser rastreable desde su generación hasta su consumo identificando mermas o etiquetando la energía renovable de la que no lo es.
No obstante la existencia de millones de dispositivos, computadoras y servidores obteniendo información, procesando ésta en algoritmos de inteligencia artificial, almacenando este “Big Data” en la “nube” y operando grandes centros de cómputo o “granjas de minería” implica como paradoja un consumo mayor de electricidad que también debe de considerarse en la ecuación cuando hablamos de digitalización de la energía.
No terminaremos de sorprendernos de las innovaciones que se realizarán en torno a la energía en las próximas décadas. Por lo pronto, lo visible está en cómo el adecuado uso de la información podrá lograr eficiencias desde la propia generación hasta los puntos de consumo de la misma. No es ciencia ficción, hemos entrado en una década en donde toda esta tecnología será ordinaria como hoy lo es el uso de telefonía celular.
Ing. Adalberto Padilla
El Ing. Padilla es fundador de VIRENTI, firma de consultoría con vocación en las finanzas verdes y practicas corporativas sustentables.
apadilla@virenti.com.mx
 

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