Escrito por: Opinión, Santiago Barcón Palomar

El tiempo corre y no se avanza en el sector energético

 Quejarse de las administraciones pasadas resulta muy efectivo desde el punto de vista político, pero no del práctico. La realidad, por desgracia, es muy tozuda.

La cantaleta de: “Ve cómo nos dejaron el país…” ya llegó a su límite. Desde un punto de vista político funciona, pero no para siempre, y crea un efecto sumamente dañino: “Somos víctimas”, una situación que se convierte en una actitud de postración. Recuerdo una gran frase: “La mejor manera de victimizar a alguien es haciéndolo sentir víctima”.

Si la situación era tan grave, con lo que no comulgo plenamente, tenían dos opciones: o tomar el toro por los cuernos o de plano, siguiendo con la tauromaquia, no entrarle al ruedo. Pero si decido aceptar el reto queda prohibido el quejarse; ojalá aprendan pronto la lección.

Los proyectos se siguen retrasando y, más preocupante, se minimizan los problemas o se encuentran teorías que violan la lógica tanto técnica como económica. En el cambio de administración mencioné, en esta misma columna en Energía Hoy, que lo más difícil sería hacerlos ver las bondades que ofrecen los mercados, donde por supuesto no son la panacea, pero que aunado a políticas incluyentes resultan mejor que el dogmatismo. Para mi sorpresa el componente técnico, que debería ser más sencillo de entender (no puedes transmitir más energía que la que el conductor soporta o el que encontrar yacimientos petrolíferos toma su tiempo) es, cuando menos, despreciado.

En el sector eléctrico la situación, iniciando por las dos Bajas, resulta insostenible y demuestra una falta de empatía que raya en el cinismo. Cualquiera que haya estado en Mexicali, con temperaturas de 50 grados centígrados a la sombra, entiende la gravedad de no contar con suministro eléctrico. Aunemos el costo que implica para la economía cuando los procesos se detienen y hay pérdidas económicas cuantiosas; un lastre muy pesado para la economía.

Pasando al sector de petróleo y gas la coyuntura no es menos preocupante. Después de los meses perdidos en la “negociación” de los gaseoductos, que en realidad fue patear el bote para delante, disminuyendo los pagos cercanos aumentando el periodo de 25 a 35 años. Si alguien piensa que esto es un éxito vale la pena haga las corridas a valor neto presente y verá que si acaso salimos a mano. Como el que está endeudado y en lugar de disminuir la carga financiera la lleva al futuro “que los que vengan después lidien con el problema”. Triste e irresponsable. Ahora a recuperar el atraso.

La falta de gas ahorca a la península de Yucatán. El Presidente pregona, con desparpajo que denota su desconexión con la realidad, que con una planta de generación se soluciona. Se le olvida, o quizá no tiene ni idea, que requieren combustible. Dada la poca disponibilidad de gas CFE opera plantas generadoras con diésel en lugar del combustible para el que fueron diseñados: menor eficiencia y mayor emisión de CO2.

Aquí no acaban los problemas, quizá mucho más preocupante resulta el que no contamos ya con disponibilidad de energía en la zona más pujante de México: el Bajío. Dada la desarticulación de CFE, el Centro Nacional de Control de Energía (CENACE) pide a los que desean contar con servicio eléctrico inversiones que son a todas luces responsabilidad de CFE. La filosofía de un CENACE independiente es el garantizar un sistema confiable y robusto. Para ello indica a la Secretaría de Energía las inversiones necesarias mismas que, en teoría, deberían de realizarse a través de CFE. Así, cada nuevo participante, ya bien generador o centro de carga, sólo tendría que pagar por las inversiones necesarias para no afectar el sistema eléctrico nacional (SEN), es decir mantener el mismo nivel que se tenía previamente. El grave problema que enfrentamos consiste en que estas inversiones no se han materializado, recordemos por ejemplo las cancelaciones de las líneas de transmisión de corriente directa, por lo que un nuevo participante no sólo tiene que pagar por su impacto al sistema sino cubrir el déficit de inversión, es decir, corregir situaciones preexistentes. Esto resulta en costos que hacen inviable la realización de los proyectos ahuyentando la inversión: si no cuento con energía pongo mi dinero en otra parte. Adicionemos que si yo soy el posible usuario, llamémosle centro de carga A, y pido una evaluación me dirán lo que requiero llevar a cabo pongamos una línea en 230 KV de 40 kilómetros y las subestaciones necesarias. Si el centro de carga B, cercano al A, pide algo similar posiblemente le dirán que debe de pagar una línea de 60 kilómetros en 230 KV. Supongamos que llegamos hasta la E, se verá que la suma de estas inversiones supera en varios órdenes de magnitud lo que realmente requiere el sistema que supongamos son 85 kilómetros en 230 KV y tres ramales en 115 KV.

Sin duda gran parte del problema viene por la falta de inversión en el SEN del sexenio pasado pero en este seguimos igual. Se argumenta que no hace falta reforzar la transmisión del sureste al centro del país, lo cual es una falacia. 1,000 MW estás siendo enviados a la península de Yucatán lo cual libera la transmisión hacia la Ciudad de México, pero cuando se tenga disponibilidad de gas, y por ende mayor generación, esta situación desaparecerá volviendo a saturar las líneas hacia la capital.

Creo que es el momento de que, en forma urgente, retomemos el esquema de Temporada Abierta. Este, ya realizado con antelación, consiste en que los participantes del mercado, generadores y centros de carga, pagan por estas inversiones en conjunto y cada uno tiene acceso a la parte que contribuyó. Esto permite agrupar las demandas, evitando la pulverización actual, realizar un proyecto más robusto y confiable adicionando una realización más expedita.

Tenemos más de 5 años de atraso y sumemos que antes de 36 meses no se podrá revertir la situación. Ya perdimos un año adicional con la nueva administración. Recuerdo cuando en 1995, en el error de diciembre, el entonces Secretario de Hacienda dijo: “Nos dejaron la economía prendida de alfileres” a lo que, dicen, Pedro Aspe espetó: “¿Y para que se los quitaste?” En nuestra situación, por supuesto, ya pasamos la etapa de los alfileres porque el SEN ya no tiene capacidad en varios puntos del país y falta gas en varias regiones. Creo que resulta indispensable que los principales jugadores se sienten y analicen las opciones requeridas. No es tan difícil el implementar las soluciones pero requiere de diligencia, citando a Goethe: “Sin prisa pero sin pausa”. A iniciar el proceso tanto en petróleo y gas como en electricidad. Si no, la meta del 4 % de crecimiento del PIB será imposible de lograr, otra promesa incumplida… pero ya no por los neoliberales.

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