Escrito por: Diego Arjona, Opinión

La electricidad y el vapor de Don Eugenio: Planta Eléctrica del Grupo Industrial

“Los grandes proyectos deben comenzar de la manera mas sencilla.” Palabras de Eugenio Garza Sada

Don Eugenio Garza Sada murió el 17 de septiembre de 1973. A sus funerales asistieron más de 50,000 personas. Ese mismo día, 160,000 obreros y trabajadores suspendieron sus labores como señal de duelo. Quince meses después, una de las principales avenidas de Monterrey tomó su nombre como forma de homenaje. Su figura ha sido inspiración para muchos “hombres valientes” que han trabajado muy duro para impulsar a la industria mexicana.

El pasado 22 de septiembre, Enrique Krauze publicó un artículo en el periódico Reforma bajo el título “Las Obras de Don Eugenio”. La profundidad del historiador permite transmitir en muy pocos párrafos un complicado orden de ideas que abandera subrayando el “valor de la inteligencia en la vida” y la necesidad de aplicar la técnica “no como un instrumental egoísta” sino como “la técnica que incorpora a la ciencia pero a la vez la supera, realizándola subordinada a un criterio moral, a un ideal humano.”

Enrique Krauze refiere cinco estrategias en las que Don Eugenio finco la expansión y el éxito de sus empresas. Leyendo entre líneas y buscando descifrar las palabras del historiador, me enfocaré solamente en una de las estrategias mencionadas: la autosuficiencia energética regional.

Hace algunos años tuve el privilegio de llevar a cabo un proyecto en el predio de la Planta Eléctrica del Grupo Industrial, PEGI (aunque los locales lo pronunciaban PEGUI como si existiera un diptongo en la abreviatura). El predio se encuentra entre la Cervecería Cuauhtémoc Moctezuma y la fábrica de Empaques de Cartón Titán. Don Eugenio murió veintisiete años antes de que yo me fuera a trabajar en Monterrey (donde vivía tres años). Por supuesto, nunca conocí a Don Eugenio, pero toque con mis manos las obras que el había impulsado. Lo que hicimos al principio de este siglo fue modernizar las instalaciones respetando el concepto original. Mucho antes de que las Reformas de 1992 a la Ley del Servicio Público de Energía Eléctrica reconocieran a la cogeneración y apuntarán hacia su utilización en el desarrollo de parques industriales, por el centro de la Ciudad de Monterrey corrían vaporductos que permitían usar el agua del Manantial de Topochico para cocinar la malta y la cebada usando capacidades energéticas locales y buscando aumentar la eficiencia energética. Otros de los vaporductos movían los motores, sistemas de secado y demás de la cartonera (donde se reciclaba  papel, cartón y trapos de todo Monterrey para hacer cajas de cerveza). Entre vapor y electricidad, PEGI atendía las necesidades de una veintena de empresas.

El sistema de transmisión y distribución de energía eléctrica permitía soportar la continuidad del suministro eléctrico para diversas industrias (incluyendo al Tecnológico de Monterrey y su Salón de Sorteos). Este sistema eléctrico convivía geográficamente con el de CFE, pero sin interconexión eléctrica de ningún tipo. De hecho, las instalaciones de la División Golfo Norte de CFE se encuentran a solamente unos minutos caminando de PEGI por lo que de un lado de la calle se podían encontrar circuitos de CFE y del otro los de la empresa privada. Quizá PEGI haya sido la única empresa de generación, transmisión y distribución eléctrica que se haya mantenido en manos privadas tras la nacionalización de la industria eléctrica decretada en 1960. Esto habla de la forma respetuosa y solidaría en que operaban.

La historia de PEGI se remonta a 1943. En ese entonces, la Compañía de Tranvías, Luz y Fuerza Motriz de Monterrey (filial de una empresa canadiense) contaba con una capacidad de 16 MW. Siendo un monopolio, esa era la única capacidad eléctrica que había para toda la ciudad. La avería de uno de sus generadores implicó que se tuviera que limitar el servicio a solamente dos horas diarias. Esto era un verdadero problema para las crecientes industrias de Monterrey por lo que un grupo de empresarios regiomontanos unieron fuerzas para impulsar la creación de PEGI.  Sin embargo, el proyecto nacía durante la Segunda Guerra Mundial, los suministros estaban limitados y las turbinas fabricadas en Estados Unidos estaban destinadas a los barcos de guerra. Se requirió que se reunieran el Presidente Roosevelt y el Presidente Miguel Avila Camacho durante una visita a Monterrey para que se autorizara a al War Production Board para exportar las unidades de generación requeridas para la planta.

Actualmente, Iberdrola llama a este sitio “Proyecto de Cogeneración Monterrey.” El proyecto desarrollado a principios de este siglo llevó a este sistema de energía a otro nivel, pero es muy clara la importancia del sistema original en la evolución del moderno. De hecho, la repontenciación que terminó en 2003 incluyó la instalación de una de las primeras turbinas aeroderivadas de nuestro país, pero opera en conjunto con una de las turbinas de vapor originales de 1943. PEGI fue una de las semillas del actual poder industrial de Monterrey y de todo México. Muchas de las empresas que atendía PEGI crecieron y evolucionaron para convertirse en lideres a nivel mundial y emplean a cientos de miles de personas. 

La historia recoge que el fallido intento de secuestro que terminó con la vida de Don Eugenio fue en la Calle Luis Quintanar. No muy lejos de la Cervecería, del Salón de la Fama del Beisbol y de PEGI. Tres décadas después de la muerte de Don Eugenio y  siendo yo un ingeniero joven y recién casado, el ingreso que obtuve trabajando en el proyecto de modernización me ayudó a pagar la casa en la que mi familia vive actualmente. Pero estoy seguro de que no somos el único caso y que muchas familias mexicanas han encontrado oportunidades para su desarrollo en el legado de Don Eugenio. Quiero darle las gracias a Don Eugenio por dar lugar a esas oportunidades, pero también quiero dárselas a muchos otros mexicanos que han trabajado de forma honrada para construir nuestro país. Enrique Krauze lo resume citando las palabras de Don Eugenio: “El lucro no es renta para satisfacciones egoístas – decía Don Eugenio – sino instrumento de reinversión para el progreso económico y social.”

Una última lección que creo que debemos aprender. En el párrafo anterior agradecí a todos los mexicanos que han buscado fortalecer la industria de nuestro país, pero me falta agradecer a todos los que lo harán. Es necesario aprender la influencia que tienen nuestras acciones a través del tiempo y usar esa comprensión como una de las guías de nuestro destino. Las semillas que plantemos ahora darán lugar a los frutos que cosechemos en el futuro.

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