Escrito por: Opinión, Víctor Rodríguez-Padilla, Víctor Rodríguez-Padilla

¿Quién le teme a Manuel Bartlett?

Ningún nombramiento ha sido tan polémico como el de Manuel Bartlett Díaz al frente de la Comisión Federal de Electricidad. La andanada de críticas y el enorme revuelo mediático, convenientemente alimentado por las élites que perdieron la elección presidencial, obligaron al presidente electo a salir al paso para justificar su decisión. Con su tranquilidad habitual Andrés Manuel López Obrador ha ofrecido dos argumentos contundentes: Bartlett no sólo tiene la experiencia y los arrestos para acabar con la corrupción en la CFE, también conoce el sector y ha defendido a la industria eléctrica nacional desde hace muchos años.  Dos verdades inobjetables.
Más allá del odio personal o político que muchos sienten por el ex Secretario de Gobernación lo pertinente en el momento actual es evaluar qué tan idóneo es para el puesto a ocupar el 1 de diciembre, sin olvidar que la misión será eminentemente política, pues de lo técnico se ocupará Carlos Morales Mar, el subdirector designado por AMLO.
Manuel Bartlett está presente en el sector eléctrico desde hace 18 años. Todo comenzó durante su primer mandato como senador de la república. En el artículo Congreso 2006-2012 ¿Y después de Bartlett qué? Las batallas de un Senador, publicado en Energía Hoy en agosto de 2006, hice un recuento del empeño y tenacidad de Bartlett para detener y desarmar las iniciativas que llegaban al Senado para privatizar la electricidad. El artículo también señalaba la ausencia de un remplazo a la altura de las circunstancia. Después de López Obrador, Bartlett se había convertido en el opositor más visible y mediático, sin que ninguno de los legisladores entrantes tuviera personalidad, experiencia, habilidad y tozudez para jugar un papel similar. Algunos no dudaban en afirmar que teniendo a Bartlett fuera de la jugada por fin se pondría cambiar la Constitución y transferir la operación y la infraestructura al sector privado.
Y es que el político poblano se había forjado una imagen de barrera infranqueable, por méritos propios claro está, pero también por el fracaso de Vicente Fox en su trato con la oposición. Bartlett era el blanco perfecto para descargar la ira y el coraje de la corriente aperturista que no lograba convencer al PRI de la necesidad de un mercado eléctrico y por eso le indilgaban todo tipo de epítetos, entre ellos el de “nacionalista trasnochado”. La conclusión del artículo que comento era ineludible: “la elite empresarial y política, con ayuda de los medios, fueron los que llevaron a Bartlett a la cima, pues al quererlo en todos los foros para rebatirlo y desprestigiarlo, lo único que lograron fue enaltecer su perfil de último defensor de la soberanía….”.
Y la pregunta obligada de ayer y de hoy es la siguiente ¿qué ha hecho Bartlett para merecer por un lado el encono de la derecha y, por el otro, la amnistía, el reconocimiento y hasta la simpatía de amplios sectores de la izquierda, incluyendo al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y al licenciado Andrés Manuel López Obrador?  En el artículo de marras señalaba que la aguda visión y la sensibilidad política de Bartlett lo habían llevado a posicionarse en el tema eléctrico desde el inicio del sexenio. Se dio cuenta que “el continuo y álgido debate sería para él una oportunidad para conservarse en el primer plano de la escena política. La bandera contra la privatización le permitiría convertirse en la conciencia nacionalista del PRI, lavar una imagen deteriorada desde la ‘caída del sistema’, reivindicarse ante la sociedad y concluir su carrera política con el juicio favorable de la historia. Como Presidente de la Comisión de Puntos Constitucionales toda propuesta de apertura debía pasar por sus manos, lo cual le daría ventaja sobre sus adversarios” tanto del PRI como del PAN.
Bartlett fue muy hábil. “Formó equipo con los senadores nacionalistas de la fracción priísta, al tiempo que constituyó un equipo de asesores de alto nivel, que trabajando paralela o conjuntamente con los del PRD, deshicieron uno a uno los argumentos oficiales y construyeron propuestas alternativas; viajó para conocer de primera mano las experiencias en América Latina; estudió sistemáticamente los temas; aprovechó contactos y amistades políticas; se convirtió en su propio operador político; recibió ayuda aprovechando el nacionalismo y compromiso de la gente, algo que los legisladores panistas y priístas neoliberales nunca pudieron obtener y acabaron dependiendo de ayuda, recursos, análisis e ideas del gobierno. Y aunque muchos le fueron dando la espalda por interés económico o político, el senador nunca dejó de ganar nuevos simpatizantes y aliados, entre ellos…. Y no dudó en salir a las calles a encabezar manifestaciones de repudio en contra de la privatización”.
“La primera batalla fue la reforma eléctrica. Promovió, litigó y ganó la controversia constitucional contra el decreto que creaba un mercado eléctrico a partir de la venta de ‘excedentes’ de generación. La Suprema Corte de Justicia de la Nación concluyó que el presidente Fox invadió las atribuciones de los legisladores cuando cambió el reglamento correspondiente, por lo que anuló el decreto. Bartlett también consiguió, por un lado, que su propuesta de reforma eléctrica –centrada en el fortalecimiento del servicio público integrado verticalmente y operado por el Estado– fuese adoptada por la fracción parlamentaria del PRI en el Senado. Por otro lado, articuló una alianza con el PRD para desechar tres iniciativas de reforma constitucional (Zedillo, PAN y PVEM), que proponían privatizar, en mayor o menor medida, la generación, transmisión, distribución y comercio de electricidad. En esa misma tónica, reunió la firma de 50 de los 60 senadores del PRI en un voluminoso estudio que desechaba la iniciativa de reforma eléctrica de Vicente Fox… Luego vendría una denuncia de hechos ante la Auditoria Superior de la Federación (ASF) por las irregularidades jurídicas incurridas por la CRE en el otorgamiento de permisos para la generación privada de electricidad, asimismo, por el sesgo de la planeación, operación y contabilidad en CFE, orientadas a favorecer intereses privados y justificar la salida del Estado del sector. Las auditorías practicadas le dieron la razón en casi todos los rubros. Y aunque el presidente Fox promovió y ganó una controversia constitucional por extralimitación de funciones por parte de la ASF, el senador volvió a la carga meses más tarde con la misma denuncia utilizando una segunda vía permitida por la ley. Junto con el PRD impulsó una iniciativa para obligar a Pemex a desarrollar su potencial de cogeneración en coordinación con la CFE y LFC… [y] dicha iniciativa fue aprobada por unanimidad en el Senado”.
La segunda batalla fue la de los Contratos de Servicios Múltiples. Bartlett logró aglutinar a 170 senadores y diputados en una demanda contra Pemex y Repsol, por actuar al margen de la ley, sin embargo el poder judicial, coludido con el gobierno foxista, les negó a los legisladores interés jurídico en el asunto. En paralelo Bartlett recurrió a la ASF y el resultado fue exitoso: una serie de auditorías llevaron a la recomendación de suspender esa forma de contratación debido a sus anomalías jurídicas y Pemex aceptó la observación.
La tercera batalla fue el régimen fiscal de Pemex y la corporatización de la empresa pública. “Junto con otros senadores de oposición, Bartlett logró detener la propuesta oficial que planteaba la explotación de gas por parte de actores diferentes a Pemex, asimismo, convenció a sus colegas de sustituir la lógica del sistema de concesiones impulsada por el Banco Mundial, por un enfoque de reparto equitativo, directo y transparente de la renta. Apoyó la iniciativa perredista de que fuera el Congreso y no el Ejecutivo el que fijara las plataformas de producción y exportación de hidrocarburos. Y junto con ese partido se opuso a condicionar la entrada en vigor del nuevo esquema fiscal a cambios legislativos enfocados a privatizar la toma de decisiones y el capital del organismo público (“prácticas de gobierno corporativo”). Sin embargo, [Bartlett y sus aliados perredistas] no pudieron eliminar la obligación de aumentar el ritmo de extracción de petróleo crudo y entregar al fisco los ingresos adicionales que Pemex recibiría en 2006 producto de la desgravación, exigencias de Hacienda y la Conago”.
Durante la contienda por la presidencia de la república en 2006 Manuel Bartlett llamó a votar por AMLO, entre otras razones, porque el PRI había renunciado a defender la exclusividad del Estado en materia de hidrocarburos y electricidad plasmada en los artículos 27 y 28 de la Constitución. Durante la reforma energética de 2008 Bartlett fue actor protagónico al rechazar varias de las concesiones que la izquierda negociadora le concedió al presidente Felipe Calderón y a sus aliados de derecha, sin embargo, el ex gobernador de Puebla se alineó con la postura final de AMLO que consideró la negociación como un triunfo (Energía Hoy enero 2009). En 2012 varios partidos lo buscaron para hacerlo senador plurinominal pero Bartlett optó por la invitación de AMLO para ser postulado por Morena-Partido del Trabajo.  Y ya como senador rechazó tajante todo el contenido privatizador de la reforma energética de Enrique Peña Nieto.
Después de ese breve recuento se entiende porque el presidente electo lo eligió como Director de la CFE: durante 18 años ha luchado por preservar la integralidad del servicio público de energía eléctrica y fortalecer a la empresa pública que lo hace posible. ¿Quién le teme a Manuel Bartlett? Es claro ¿no? Los intereses económicos nacionales y extranjeros que han hecho del sector eléctrico un gran negocio y quieren seguirse enriqueciendo con los recursos de la nación.
Ciudad de México, Víctor Rodríguez Padilla, Energía Hoy, agosto 2018
CE: energia123@hotmail.com, Facebook: https://www.facebook.com/victor.rodriguezpadilla
 
 

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