Durante décadas, la operación del sistema eléctrico mexicano fue casi exclusivamente de hombres. Hoy, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) busca subrayar que esa realidad está cambiando. Miles de trabajadoras participan en la generación, transmisión y distribución de energía, en un proceso de incorporación que avanza en uno de los sectores más técnicos y estratégicos del país.
El énfasis no es menor. Por primera vez, la dirección general de la CFE está en manos de una mujer: Emilia Esther Calleja Alor. Su nombramiento ocurre en un momento político en el que el discurso de la inclusión de las mujeres ha ganado espacio en la agenda pública, especialmente tras la llegada de Claudia Sheinbaum a la presidencia.
Un cambio que empieza en la cúpula
Las historias que la empresa destaca recorren centrales eléctricas, subestaciones, sistemas de transmisión y centros de control. Ingenieras, electricistas, buzas industriales y operadoras forman parte de una estructura que garantiza que la electricidad llegue a hogares, hospitales, transporte público e infraestructura crítica en todo el país.
Jessica García, ingeniera química en la Dirección de Operación, participa en el monitoreo de los procesos que permiten mantener en equilibrio la generación, transmisión y distribución de energía. Su trabajo consiste en anticipar fallas y corregir desviaciones para asegurar que el suministro cumpla con los estándares requeridos. García subraya que la presencia de mujeres en cargos directivos resulta relevante, pero advierte que el verdadero reto está en abrir camino en áreas donde siguen siendo minoría.
Trabajo pesado, decisiones técnicas
En transmisión, Julia Velázquez, subgerenta regional de Subestaciones y Líneas, forma parte del equipo que encabezó el traslado y la energización de un autotransformador trifásico de 300 toneladas desde el Estado de México hasta Chiapas. La maniobra, poco visible fuera del sector, fue clave para reforzar la red eléctrica del sureste, una región con rezagos históricos en infraestructura energética.

Más allá de la superficie, la generación hidroeléctrica también tiene un rostro de mujer. María Fernanda Mendoza es buza industrial en la Central Hidroeléctrica Infiernillo y la única mujer en esa especialidad dentro de la CFE. Su labor consiste en realizar trabajos de mantenimiento subacuático para retirar materiales que obstruyen las obras de toma y limitan la capacidad de generación. Es una tarea técnica, riesgosa y rara vez asociada con la imagen tradicional de la industria eléctrica.
Del viento al agua: mujeres en la generación
En el Istmo de Tehuantepec, Nadia Vera, originaria de una comunidad zapoteca de Oaxaca, es la primera superintendenta de la Central Eoloeléctrica La Venta II. Desde ahí, se encarga de mantener la disponibilidad de los aerogeneradores que transforman el viento en electricidad. En su testimonio, vincula la tecnología con el territorio: el viento que atraviesa su comunidad es el mismo que hoy alimenta la red eléctrica con energía limpia.
“Siempre soñé en conocer cómo funcionan los aerogeneradores. En mi lengua materna, el zapoteco, pienso cuando los veo: Dinga guiiba naroba ne nasoo ni ruseque bi, bi xtinu, nadipa’, ni rudii biaani nayá, qui runi biidi nisa, qui runi yudxu guidxilayú, qui ruchá gu’xhu guiba. Naa’nga ti gunaa, gunaa binni Za, ni gule guidxi rundubi bi nadipa’”.
(“Esto es una máquina alta, grande, movida por el viento, nuestro viento, viento fuerte, viento que crea energía, energía limpia, que no contamina el agua, ni la tierra, ni el cielo. Yo soy una mujer, mujer zapoteca, que nació en la tierra donde sopla el viento fuerte”).
Por su parte, Rocío Bárcenas, superintendenta general de la Región de Generación Distribuida, coordina la operación de 16 centrales. Su trabajo, explica, tiene efectos directos en la vida cotidiana: desde el funcionamiento del Metro hasta el alumbrado público.
En centrales hidroeléctricas como Bombaná, Adriana Guadalupe Castellanos participa en mantenimientos preventivos y supervisa sistemas clave, desde reguladores hasta generadores y bancos de baterías.
La electricidad que no se ve, pero sostiene la vida diaria
En el eslabón final del sistema, la distribución, Eva Lara es la única mujer superintendenta entre las 150 zonas que conforman esta área dentro de la CFE. Desde la Zona Tacuba, coordina el suministro eléctrico de instalaciones estratégicas como el Centro Médico La Raza, donde la electricidad no es un servicio más, sino una condición para la atención médica.

La empresa también mira hacia atrás. Aunque fue fundada en 1937, las primeras mujeres ingresaron a la CFE hasta la década de 1940, entonces en labores administrativas como secretariado y taquimecanografía. Nombres como Socorro Guzmán, Emma Pérez o Luz María Trejo aparecen como antecedente de una presencia de mujeres que tardó décadas en cruzar la frontera hacia los espacios técnicos.
Las historias que destaca la CFE no resuelven por sí solas la desigualdad de género en el sector energético, pero sí muestran un cambio: mujeres que operan, deciden y mantienen en funcionamiento una infraestructura de la que depende la vida diaria del país.
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