Abrirse camino en la industria energética —históricamente dominada por hombres— ha implicado retos importantes para muchas mujeres. La trayectoria de Edna Osuna, líder de Asuntos Externos en Harbour Energy y directora de Hidrocarburos en Women’s Energy Network (WEN) México, refleja esa transformación.
Desde su ingreso al sector en 2017, en un contexto de cambios relevantes para la industria energética mexicana, la especialista ha construido una carrera marcada por la resiliencia, la adaptación y la convicción de que el sector sigue siendo clave para el desarrollo del país.
Osuna recuerda que al comenzar su carrera, siendo una profesionista joven recién egresada, el hecho de ser mujer y joven a veces jugaba en su contra:
“Con frecuencia sentía que tenía que demostrar que merecía estar ahí: dedicar más horas extra que el resto, participar en innumerables espacios de networking, apoyar a quien lo necesitara sin poner límites y, muchas veces, sacrificar tiempo personal”, relata.
Con el tiempo, esa etapa se convirtió en una fuente de aprendizaje y aprendió a verla con gratitud, porque le permitió desarrollar disciplina, resiliencia y una profunda pasión por la industria. Hoy también reconoce la importancia de construir una trayectoria profesional sostenible: “Las carreras exitosas se construyen mejor cuando existe un equilibrio que permita seguir creciendo con entusiasmo, propósito y bienestar”.
A lo largo de estos años ha participado en distintos espacios del sector, desde asociaciones y empresas internacionales hasta redes profesionales como WEN. Ese recorrido le ha permitido coincidir con personas que comparten una visión sobre el potencial energético del país.
“Curiosamente, cuando ingresé veía a más mujeres en puestos máximos de liderazgo que hoy; sin embargo, también percibo una mayor presencia femenina en general dentro de las empresas y, sobre todo, en el gobierno”, explica.
Liderazgo con responsabilidad y propósito
Para Osuna, ocupar una posición de liderazgo en el sector energético implica actuar con responsabilidad, integridad y un compromiso permanente con los más altos estándares de seguridad.
“La industria energética requiere excelencia técnica, pero también exige una visión más amplia que considere el entorno en el que se desarrollan los proyectos: las comunidades, las instituciones y el impacto que nuestras decisiones pueden tener en el largo plazo”, señala.
Desde su perspectiva, liderar también implica contribuir a generar entornos de trabajo colaborativos, ya que “no se trata de ejecutar proyectos, sino también de construir espacios donde exista coherencia, respeto y colaboración entre empresas, autoridades y sociedad”.
Cuando ese liderazgo se ejerce además con la intención de impulsar una mayor participación de mujeres, la responsabilidad es aún mayor. Para ella, es importante ser consciente de que ocupar ciertas posiciones conlleva una responsabilidad que va más allá de la descripción del puesto: la de abrir camino para quienes vienen detrás.
En ese sentido, reconoce el trabajo de quienes abrieron espacios antes que ella dentro de la industria:
“Muchas mujeres trabajaron para abrir espacios dentro de este sector, y parte de mi responsabilidad es honrar ese esfuerzo representándolas con profesionalismo”.
Barreras estructurales y el futuro del sector
Aunque la industria energética ha avanzado en términos de inclusión, Osuna considera que todavía existen obstáculos estructurales que deben atenderse. Uno de ellos es la menor participación de las mujeres en algunas disciplinas técnicas vinculadas al sector, como ingeniería o geociencias. No obstante, subraya que la industria requiere perfiles diversos.
“El sector energético también necesita talento en áreas como economía, derecho, relaciones institucionales, sostenibilidad, comunicación o gestión de proyectos”, explica.
Otra barrera importante está relacionada con la organización social del trabajo de cuidados. Citando las investigaciones de la economista Claudia Goldin, Osuna señala que la maternidad suele marcar un punto de inflexión en muchas trayectorias profesionales.
“No es casualidad que Claudia Goldin recibiera el Premio Nobel al demostrar algo que muchas mujeres ya intuíamos: que uno de los principales rezagos en las trayectorias profesionales ocurre cuando llega la maternidad”, afirma.
Además, agrega que el sistema de cuidados continúa recayendo de manera desproporcionada en las mujeres.
“Se trata en gran medida de trabajo no remunerado que implica tiempo, energía y disponibilidad, lo que inevitablemente impacta las trayectorias profesionales si no existen mecanismos de corresponsabilidad más amplios”, destaca.
Mirando hacia el futuro del sector energético, la especialista considera que los desafíos técnicos y tecnológicos seguirán aumentando, particularmente en entornos geológicos complejos. En ese contexto, el talento especializado, la innovación y la capacidad de adaptación serán factores clave.
Sin embargo, afirma que el éxito de los proyectos energéticos no depende únicamente de la ingeniería: “Hoy sabemos que la licencia social para operar es un elemento no solo importante, sino indispensable para el desarrollo de cualquier proyecto energético”, señala.
En su experiencia, cuando los proyectos enfrentan dificultades suele deberse a factores sociales o institucionales que no se atendieron adecuadamente desde el inicio. Por ello, considera fundamental construir relaciones de largo plazo con las comunidades donde se desarrollan las operaciones.
A pesar de su consolidación en la industria, Osuna reconoce que sigue aprendiendo. Más allá de los logros profesionales, su motivación principal es contribuir a que más mujeres encuentren oportunidades dentro del sector energético.
“Si con mi trayectoria logro convencer a una mujer más de que es posible construir una carrera en esta industria y abrirle un poco el camino, entonces habrá valido completamente la pena”, concluye.
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