México dio un giro en su política energética al anunciar su incursión en el fracking, también conocido como fracturación hidráulica, como una vía para extraer gas natural de yacimientos no convencionales, con el objetivo de reducir la dependencia del país respecto a las importaciones desde Estados Unidos, que actualmente representan alrededor del 75% del consumo nacional.
La estrategia, presentada por Petróleos Mexicanos (Pemex), contempla iniciar la extracción a partir de 2027 y elevar la producción en los próximos años. Según estimaciones oficiales, los principales yacimientos se ubican en el norte del país y en zonas cercanas al Golfo de México, donde existirían importantes reservas de gas no convencional.
“El gas natural es un insumo estratégico para el país […]. Es necesario incrementar la producción nacional de este gas y reducir la dependencia que tenemos de las exportaciones”, afirmó la secretaria de Energía, Luz Elena González.
En la misma línea, la presidenta Claudia Sheinbaum advirtió sobre los riesgos de mantener la dependencia energética: “Si no hacemos nada, cada vez vamos a importar más”.
Un cambio de rumbo frente a la política anterior
La decisión representa un viraje respecto a la política del expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien durante su sexenio se opuso al fracking e incluso intentó prohibirlo sin éxito legislativo, bajo el argumento de evitar daños al medio ambiente y a la salud.
Ahora, el nuevo gobierno plantea una postura distinta. Sheinbaum ha señalado que no se trata de replicar el “fracking tradicional”, sino de explorar tecnologías más recientes que, según afirma, permitirían reducir el impacto ambiental.
“Hay nuevas técnicas, nuevas tecnologías que nos abren la posibilidad de que el agua sea reciclada, de que no se usen estos químicos tan potentes que son difíciles de reciclar, hay nuevas tecnologías. Hay que estar abiertos a estas nuevas tecnologías para fortalecer la soberanía nacional”, dijo Sheinbaum en la conferencia mañanera del 9 de abril.
¿Qué es el fracking y por qué genera polémica?
El fracking, conocido formalmente como fracturación hidráulica, es un método de extracción de hidrocarburos que consiste en perforar el subsuelo e inyectar a alta presión una mezcla de agua, arena y productos químicos para fracturar las rocas y liberar gas o petróleo.
Desde hace años, especialistas de la UNAM advierten que esta técnica puede contaminar acuíferos, liberar gases de efecto invernadero como el metano e incluso inducir actividad sísmica, lo que ha generado preocupación en torno a su implementación.
Soberanía energética vs. impacto ambiental
El gobierno federal ha defendido el desarrollo del fracking como una decisión estratégica para fortalecer la soberanía energética del país.
“¿Explotamos el gas no convencional, sí o no? Sí, porque nos da soberanía energética. No, porque nos trae efectos ambientales […]. Llevamos tres, cuatro meses trabajando con un equipo que se fue a Texas, Canadá, California, buscando en la literatura si hay nuevas tecnologías para la explotación del gas no convencional”, planteó Sheinbaum.
Reconoció que actualmente Pemex no cuenta con la tecnología para llevar a cabo el plan; sin embargo, dijo que para evaluar su viabilidad, un grupo de especialistas analiza las condiciones técnicas, económicas y ambientales del proyecto, incluyendo el uso de agua reciclada o de mar y nuevas tecnologías menos contaminantes.
Aun así, el tema continúa generando posturas encontradas. Mientras el gobierno sostiene que puede reducir la dependencia energética, críticos advierten que los riesgos ambientales podrían superar los beneficios.
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