El escenario del Super Bowl LX en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, fue testigo la noche del 8 de febrero de un momento que quedará marcado en la historia: Bad Bunny se convirtió en el primer artista en presentar un show de medio tiempo casi completamente en español. El escenario mezcló música, símbolos culturales, crítica y un mensaje político, de unidad y reivindicación de la cultura latinoamericana que resonó mucho más allá del deporte.
Desde “Tití Me Preguntó”, Benito Antonio Martínez Ocasio —mejor conocido como Bad Bunny— rompió con las expectativas tradicionales del espectáculo del Super Bowl. Su espectáculo se desplegó como una narrativa visual y sonora profundamente arraigada en la cultura puertorriqueña y latina: un escenario que evocó campos de caña, vendedores de piraguas, partidas de dominó y la emblemática “casita” que ha acompañado la gira de su último disco, Debí Tirar Más Fotos.
La presencia de artistas invitados buscó amplificar esta celebración: Ricky Martin interpretó “Lo Que Le Pasó a Hawaii”, mientras que Lady Gaga, en un intento por mostrar que la cultura latina y la estadounidense pueden complementarse, cantó una versión con sabor latino de su éxito “Die With a Smile”.
Más que música: los símbolos del show
El show estuvo salpicado de elementos con significado cultural. La “casita” no fue solo un adorno: representó un regreso simbólico a la identidad comunitaria, un espacio que la población latinoamericana reconoce como el corazón de la vida cotidiana. Como si de una fiesta se tratara, a las afueras estuvieron bailando figuras como el actor chileno Pedro Pascal, la rapera de raíces dominicanas Cardi B, Jessica Alba, quien tiene ascendencia mexicana, entre otros.
Además, Bad Bunny incorporó escenas que evocan la historia y la lucha de Puerto Rico: desde hombres jugando dominó hasta referencias visuales a problemáticas sociales como apagones recurrentes en la isla, retratadas a través de la coreografía y escenografía de “El Apagón”.

Su vestimenta, aunque cuestionada por muchas personas en redes sociales—no solo por su estilo minimalista que contrastó con su performance, sino porque fue diseñado por Zara, marca de ropa que ha sido cuestionada por su gran impacto ambiental y por las condiciones laborales en las que mantiene a sus trabajadores— también cargó significado: el uniforme con el nombre “Ocasio” y el número 64 rindió homenaje a su familia y raíces personales.
El mensaje final: amor, unidad y presencia
El momento más emotivo de la noche llegó al final, cuando Bad Bunny, rodeado de banderas de países del continente americano, pronunció en inglés el tradicional “God Bless America” (“Dios bendiga a América”), antes de listar una a una las naciones del continente y terminar con “seguimos aquí”. Esta frase estuvo cargada de significado y se convirtió en un recordatorio de la presencia y contribución de la comunidad latina en los Estados Unidos.
Detrás de él, en pantallas gigantes, apareció la frase: “The Only Thing More Powerful Than Hate Is Love” (“Lo único más poderoso que el odio es el amor”), reforzando una de las ideas más claras del espectáculo: la celebración y el amor colectivo como respuesta a la intolerancia y la división que azota principalmente a Estados Unidos, el país más rico del mundo.
Este show no solo rompió récords de audiencia —tuvo a más de 135 millones de personas espectadoras—, sino que también marcó un precedente en la representación cultural en uno de los eventos televisivos más vistos del mundo. Al performar principalmente en español y poner la identidad latina en el centro del escenario, Bad Bunny se posicionó no solo como un artista global, sino como un símbolo de inclusión y diversidad.
Con todo y las contradicciones que se le han señalado, su actuación no pasó desapercibida, sino que se convirtió en uno de los hitos culturales más relevantes en lo que va de 2026, destacando cómo la música puede trascender fronteras lingüísticas y culturales para unir a millones de personas.
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