El panel “Equidad de género y quehacer político” de la Cumbre de las 200 Mujeres más Importantes de México, realizada el pasado lunes 23 de marzo en la capital del país, puso sobre la mesa una discusión que va más allá de los avances legislativos: el tránsito urgente de la paridad numérica hacia una igualdad sustantiva en la vida pública. Por cuarto año, este encuentro organizado por Mundo Ejecutivo reunió a CEO, emprendedoras, empresarias y altas ejecutivas de diversas industrias.
En este contexto, este segundo panel fue moderado por María Eugenia Rojas, de Radio Fórmula, y contó con la participación de Beatriz Paredes, política y diplomática por el Partido Revolucionario Institucional (PRI); Magda Zulema Mosri Gutiérrez, magistrada de la Sala Superior del Tribunal Federal de Justicia Administrativa y presidenta de la Comisión de Igualdad de Género; Margarita Zavala, diputada del Congreso de la Unión por el Partido Acción Nacional (PAN), y Rocío Abreu, diputada del Congreso de la Unión por Morena.
El desafío de la igualdad sustantiva
Durante el diálogo, las participantes coincidieron en que México ha logrado avances significativos en materia de paridad, pero estos aún no se traducen en un ejercicio pleno del poder. La discusión, señalaron, debe centrarse ahora en la igualdad sustantiva, es decir, en la capacidad real de las mujeres para influir en las decisiones públicas.
La magistrada Magda Zulema Mosri Gutiérrez planteó una de las críticas más directas al señalar la desconexión entre la representación política y el ejercicio del presupuesto: “Dime en qué gastas y te diré quién eres”, afirmó. Asimismo, advirtió que “las sentencias nunca van a ser suficientes si los derechos ya han sido vulnerados” y enfatizó en la necesidad de prevenir la desigualdad desde el diseño de las políticas públicas.
“Los jueces no podemos transformar esa realidad. Tenemos que voltear el terreno de las políticas públicas donde está el ejecutivo. Y a las mujeres, a ustedes, ya que muchas lucharon para que se viera la legislatura de la paridad”, dijo.
En la misma línea, Rocío Abreu reconoció que, aunque se han abierto espacios para las mujeres incluso en sectores estratégicos, persisten resistencias estructurales, particularmente en la asignación de recursos. En ese contexto, subrayó la importancia de mantener firmeza en el ejercicio del cargo y “no bajar la cabeza” ante presiones políticas.
“Tenemos que ser mujeres empoderadas y demostrar nuestra nuestra capacidad y lo que valemos. Entonces, no estar de contentillo, es decir, no pensar si me van a querer o si me van a ver bien porque yo soy una mujer fuerte e incomodo, he incomodado”, señaló.
Redes, cuidados y sororidad: condiciones para avanzar
Otro de los ejes centrales del panel fue la importancia de las redes de apoyo como herramienta política. Lejos de una visión simbólica, la sororidad fue entendida como una estrategia para enfrentar entornos adversos.
Beatriz Paredes destacó la necesidad de construir alianzas entre mujeres, formar equipos sólidos y superar prácticas que debilitan el avance colectivo. En su visión, el fortalecimiento de estas redes es clave para incidir de manera efectiva en la vida pública.
“Yo tuve oportunidad de conocer a mujeres extraordinarias como doña María Lavalle que fue la primera senadora y la primera magistrada —paisana de Rocío Abreu— y tuve la oportunidad de disfrutar de su protección y de su apoyo. Esa es otra gran enseñanza. Hay que hacer equipos de mujeres y tener solidaridad”, explicó.
A este planteamiento se sumó la discusión sobre la falta de un Sistema Nacional de Cuidados, identificado como uno de los principales obstáculos para el desarrollo profesional y político de las mujeres. Margarita Zavala introdujo el tema de la corresponsabilidad masculina como un elemento indispensable para equilibrar las cargas, al señalar que el cambio no puede recaer únicamente en las mujeres.
“Hemos avanzado, yo vuelvo al terreno de sí hay que legislar, pero también hay que redistribuir el gasto para que haya igualdad y un sistema nacional de cuidados y, sobre todo, que en el ejecutivo realmente se responda a la agenda de las mujeres para transformar sus vidas”, detalló.
Sin una redistribución equitativa de las tareas de cuidado, coincidieron, el ascenso femenino seguirá dependiendo de sacrificios invisibles que perpetúan la desigualdad.
Liderazgo con convicciones frente a la presión del poder
Las panelistas también reflexionaron sobre el tipo de liderazgo que exige la política actual. En un entorno marcado por tensiones y presiones, coincidieron en la importancia de sostener principios y evitar caer en dinámicas de poder superficiales.
Beatriz Paredes lo resumió con claridad: “Los puestos son pasajeros… Yo no soy una persona de puestos, soy una persona de visiones”, afirmó, al advertir sobre la vanidad y el halago como mecanismos de manipulación.
Por su parte, Rocío Abreu reiteró la necesidad de actuar con firmeza frente a liderazgos partidistas o presiones externas: en la política, sostuvo, no se trata de buscar aprobación, sino de ejercer el cargo con capacidad y convicción.
“El problema de nosotras es que a veces creemos que si incomodamos no vamos a tener espacio. Y lo que tenemos que hacer es rectificar, saber que habemos mujeres en todas las áreas […]. Independientemente de los partidos políticos tenemos una lucha que nos une y que siempre nos ha unido”, finalizó.
La deuda pendiente: violencia y brechas estructurales
El panel cerró con un llamado de atención sobre los pendientes estructurales que enfrenta el país. Además de las brechas en el sector privado —donde la participación femenina en consejos de administración sigue siendo limitada—, las panelistas coincidieron en que la violencia de género sigue siendo la mayor deuda del Estado mexicano.
En ese sentido, Magda Zulema Mosri Gutiérrez recordó una de las cifras más alarmantes: en México son asesinadas 10 mujeres al día, incluyendo al menos una niña menor de 9 años cada 24 horas.
Frente a este panorama, el mensaje fue contundente: la paridad no puede quedarse en un logro formal. La igualdad sustantiva es condición indispensable para garantizar la seguridad, la dignidad y el pleno desarrollo de las mujeres. Así, el panel dejó claro que el futuro democrático de México pasa por transformar la presencia femenina en un ejercicio real de poder, capaz de incidir en las decisiones que definen el rumbo del país.
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