Ramsés Pech
Grupo Caraiva – Grupo Pech Arquitectos
El mundo ha cambiado, y ahora Estados Unidos ha posicionado al petróleo crudo como un elemento garante de la economía mundial para el desarrollo de los países; en el marco de una política global orientada a los combustibles fósiles.
En la actualidad, la demanda mundial de petróleo crudo oscila entre 100 y 105 millones de barriles diarios. De esta cantidad, aproximadamente entre el 80% y el 85% se destina al proceso de refinación en las 825 refinerías que se encuentran operativas a enero.
Las refinerías a nivel global generan diariamente entre 35 y 40 millones de barriles de gasolina, de los cuales aproximadamente entre el 20% y el 25% corresponde al consumo en Estados Unidos. Respecto al diésel, la producción mundial se sitúa entre 25 y 30 millones de barriles diarios, siendo Estados Unidos responsable de alrededor del 15% al 20% de dicho consumo.
Ante este contexto, Estados Unidos ha implementado medidas para mantener controlados los precios de la gasolina y el diésel, contribuyendo así a una inflación moderada. Como se evidenció en diciembre, la presión sobre los precios al consumidor disminuyó significativamente en el sector energético, registrándose un aumento de precios más lento (2.3% frente al 4.2%), influenciado por una reducción en el precio de la gasolina (-3.4% frente al +0.9%) y una moderación en la inflación del diésel (7.4% frente al 11.3%).
Será relevante esperar los datos correspondientes a enero para analizar el impacto que tendrá el control de la producción en Venezuela, país con las mayores reservas probadas de extracción.
Estados Unidos es autosuficiente en combustibles para el transporte y la movilidad de las personas por medio de sus automóviles, pero depende de petróleo crudo de otros países para realizar las mezclas necesarias que le permitan contar con una mayor cantidad equilibrada de combustibles.
Las refinerías de Estados Unidos, que representan aproximadamente el 70% de la capacidad nacional de refinación, están diseñadas para procesar crudos pesados y amargos, caracterizados por bajos grados API y alto contenido de azufre. Por esta razón, las refinerías procesan principalmente mezclas de crudos que oscilan entre 30 y 33 grados API. Para lograr dicho rango de procesamiento de manera eficiente, se combinan crudo ligero nacional (API > 35) con crudos pesados importados (API < 27), obteniendo así una mezcla óptima. Adaptar las refinerías para operar exclusivamente con crudo ligero nacional requeriría inversiones multimillonarias, lo cual no resulta económicamente viable en el contexto actual de transición energética, especialmente bajo la premisa de energía ilimitada derivada de la fusión nuclear.
Estados Unidos importa aproximadamente 6.5 millones de barriles diarios de petróleo crudo. A pesar de que el país es un productor significativo, las importaciones continúan siendo necesarias debido a que el consumo nacional oscila entre 18 y 20 millones de barriles diarios, una demanda que se proyecta estable en los próximos años. El crudo pesado y amargo (Heavy & Sour) constituye cerca del 90% del volumen total de las importaciones de crudo.
Estados Unidos importa petróleo crudo principalmente de Canadá (60%), seguido de México (7%), Arabia Saudita (6%), Irak (5%), Brasil (4%), Colombia (3%), Guyana (2%) y otros países que representan el 7% (incluyendo Venezuela, Ecuador, Nigeria y Argentina). Debido a los recientes cambios geopolíticos, Estados Unidos se ha enfocado en buscar socios comerciales dentro del continente americano para reducir riesgos logísticos y disminuir los costos de transporte. Esta estrategia permite también acceder a precios más competitivos y asegurar la calidad requerida para las mezclas utilizadas en sus refinerías.
Considerando únicamente los países del continente americano a los que Estados Unidos importa petróleo crudo, es posible realizar una evaluación detallada de los cambios necesarios ante la situación actual con Venezuela. Si se negocia un incremento anualizado de la producción de Venezuela entre el 15% y el 20%, sería factible recuperar los niveles previos a 2007 en un plazo estimado de una década, siempre y cuando se implementen las modificaciones pertinentes actualmente pendientes por realizar. Durante este periodo, más del 80% de la producción podría enviarse a Estados Unidos o a otros países aliados capaces de refinar el petróleo crudo venezolano.

Para evitar presiones arancelarias y mantener su estatus como principal exportador de petróleo, Canadá requiere desarrollar una infraestructura soberana orientada hacia el mar que le permita acceder a mercados internacionales sin depender de Estados Unidos. A diferencia de Venezuela, que posee acceso directo a rutas marítimas globales, Canadá ha dependido históricamente de oleoductos que envían el 93% de su petróleo crudo a su vecino del sur. Además, destina un 3% de sus exportaciones a China, 2% a la Unión Europea, 1% al Reino Unido y 1% a Corea del Sur.
Esta situación podría colocar a Canadá en una posición desfavorable frente al incremento de la producción venezolana, ya que Estados Unidos podría exigir mayores descuentos en la compra de petróleo canadiense ante la falta de puertos independientes para la exportación a otros destinos. Este escenario podría formar parte de una disputa comercial intensificada por aranceles y posibles renegociaciones en el marco del T-MEC.
México ha mantenido una estricta regulación estatal a través de Pemex, mientras que Venezuela tiene previsto implementar en enero de 2026 una reforma significativa que permitirá la operación y propiedad de campos petroleros por parte de empresas extranjeras.
La reforma representa una ruptura con el legado de control estatal, al permitir que tanto empresas extranjeras como locales gestionen campos petroleros de manera autónoma, comercialicen su producción y retengan los ingresos generados por las ventas, actividades anteriormente reservadas a PDVSA. Esta legislación refuerza la soberanía energética de Venezuela al priorizar la captación de recursos necesarios para la reactivación de la producción, considerando que aproximadamente el 50% de los ingresos fiscales ordinarios provienen directamente del sector petrolero.
El gobierno venezolano proyecta para 2026 un incremento del 37% en los ingresos totales, asociado a la reactivación de las ventas de crudo tras nuevos acuerdos alcanzados con la administración estadounidense, los cuales ya han generado ingresos inmediatos de 300 millones de dólares en enero de 2026.
México enfrenta el potencial desplazamiento por parte de Venezuela como aliado estratégico de Estados Unidos en la venta de petróleo crudo. Sin embargo, al continuar con una alta dependencia de importaciones provenientes de su socio comercial en productos como GLP, gas natural, gasolina, diésel, MTBE, etano y otros derivados, la balanza comercial de este sector permanece negativa durante varias décadas para México.
La falta de una estrategia definida que permita a Pemex y al país compensar la disminución de ingresos por la exportación de petróleo crudo, así como la necesidad de reducir la incertidumbre en torno a los actuales modelos de contratación entre Sener y Pemex y los mecanismos de pago a proveedores, contribuyen a generar un contexto incierto para la industria mexicana.
En este contexto, México debería evaluar la posibilidad de una apertura integral a la inversión extranjera, la cual representa actualmente menos del 3% del total, en comparación con el 20% registrado en 2018. En el corto plazo, se recomienda permitir que empresas extranjeras o nacionales con experiencia operen no únicamente como contratistas, sino también como operadoras con plena autonomía de gestión, modernizando los contratos establecidos desde 2015.
Adicionalmente, es imprescindible modificar el modelo de negocio de Pemex, dado que exhibe una capacidad productiva limitada y altos costos de refinación en relación con el nuevo esquema venezolano, con el objetivo de orientar sus operaciones hacia la comercialización de petrolíferos en el mercado interno, considerando que más del 40% de sus ingresos provienen de este segmento.
México debe asegurar una alineación y adaptación estratégica ágil con Estados Unidos en el ámbito del mercado internacional de petróleo crudo, priorizando la reducción de descuentos para lograr precios competitivos por barril. Actualmente, el crudo Maya se comercializa con un descuento de 8.85 dólares por barril respecto al precio de referencia. Bajo la supervisión de Washington, el crudo venezolano se ha colocado en el mercado con un descuento de 15 dólares frente al marcador internacional Brent, lo que representa un aumento del 30% en ingresos y permite que China continúe adquiriendo el producto, siempre bajo los descuentos establecidos por Estados Unidos y evitando los anteriores, superiores a 30 dólares. México, ¿qué hará para no abaratar el petróleo mexicano?
La economía de Estados Unidos depende de manera significativa del sector transporte, reflejándose tanto en su aporte directo al Producto Interno Bruto (PIB), que oscila entre el 6% y el 7%, como en la eficiencia de sus cadenas de suministro globales. Además, los costos logísticos totales, incluyendo inventarios y gestión, pueden alcanzar entre el 8% y el 10% de la economía nacional. En este contexto, Estados Unidos considera estratégico fortalecer su relación comercial con Venezuela como socio, para contar con petróleo barato y controlar el precio del barril a nivel mundial.
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