Rusia lanzó una ofensiva masiva contra la infraestructura energética de Ucrania la noche del 14 al 15 de enero de 2026, intensificando su estrategia de debilitar el suministro eléctrico en pleno invierno polar. Este ataque, que incluyó drones y misiles, responde a supuestos bombardeos ucranianos en territorio ruso; según el Ministerio de Defensa de Moscú. La agresión agrava la crisis humanitaria en un país azotado por temperaturas bajo cero.
El presidente ucraniano Volodímir Zelensky anunció la declaración de un “estado de emergencia” en el sector energético, centrado en Kiev, donde cientos de miles de hogares quedaron sin calefacción ni electricidad. En la capital, las temperaturas cayeron a -19°C, dejando a residentes vulnerables en medio de cortes prolongados de energía. Equipos de reparación trabajan sin descanso, pero la magnitud de los daños complica la restauración rápida.
Los strikes rusos han afectado múltiples regiones, incluyendo Járkov, donde se reportó la destrucción de una gran instalación energética. En los últimos días, Moscú ha desplegado cientos de drones —casi 300 en una sola noche— junto con misiles balísticos y de crucero, impactando ocho oblasts. Estas acciones forman parte de una campaña sistemática contra la red eléctrica ucraniana, iniciada desde la invasión de 2022.
Ucrania enfrenta un “amenaza militar” directa a su columna vertebral energética, con ataques precisos a subestaciones de alto voltaje y líneas de transmisión. Zelenskyy ha pedido revisar las medidas de toque de queda por el frío extremo y aumentar las importaciones de electricidad para mitigar la crisis. Proveedores como DTEK operan en modo de emergencia constante ante oleadas de drones y misiles.
La táctica rusa busca generar inestabilidad social mediante apagones totales, especialmente en invierno, cuando la demanda de calefacción es crítica. En Járkov, el ataque reciente causó cuatro muertes en un centro postal y heridas a diez personas. Ucrania responde con strikes de largo alcance a objetivos industriales rusos, como en Rostov, intensificando el ciclo de represalias.
Estos eventos subrayan la vulnerabilidad de la infraestructura crítica en conflictos prolongados. Mientras Rusia presiona en el frente de batalla, Ucrania resiste pese a la fatiga energética. La comunidad internacional observa con preocupación, ya que los ataques no solo limitan la electricidad, sino que afectan el agua y el transporte en regiones clave.
La crisis energética ucraniana en 2026 revela los altos costos humanos de la guerra híbrida. Con el invierno en su apogeo, la resiliencia de Kiev dependerá de reparaciones rápidas y apoyo externo. Monitorear estos desarrollos es esencial para entender las dinámicas geopolíticas en Europa del Este.
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