El gobierno de Estados Unidos anunció una inversión de 9 mil millones de dólares en el sector de energía nuclear de Armenia; marcando así un hito en la cooperación bilateral. Esta iniciativa se concretó durante la visita de JD Vance a Ereván el 9 de febrero, donde se firmó un convenio de cooperación nuclear civil conocido como el “Acuerdo 123“.
El pacto habilita proyectos conjuntos con tecnología estadounidense de reactores modulares pequeños (SMR), diseñados para ser más seguros y flexibles que las plantas tradicionales.
La inversión se divide en dos etapas: unos 5 mil millones de dólares iniciales para equipo y otros 4 mil millones para combustible y mantenimiento a largo plazo. Vance enfatizó que este proyecto no solo fortalece la seguridad energética de Armenia, dependiente actualmente de la obsoleta central de Metsamor —construida en la era soviética y programada para cerrar en 2036—, sino que también generará empleos en EE.UU.
Armenia, que había negociado previamente con Rusia, China, Corea del Sur y Francia, opta ahora por la tecnología SMR estadounidense como prioridad para diversificar sus fuentes energéticas.
Visita por la paz
Cabe señalar que, la visita de Vance, primera de un vicepresidente estadounidense a Armenia, buscó consolidar la paz entre Armenia y Azerbaiyán tras acuerdos preliminares impulsados por Washington. Además, se confirmó la venta de drones V-BAT por 11 millones de dólares, fortaleciendo la disuasión militar armenia en un área de tensiones persistentes.
El primer ministro armenio Nikol Pashinyan calificó la visita como “histórica y simbólica”, destacando la profundidad de la asociación estratégica con EE.UU. Vance respaldó públicamente a Pashinyan de cara a las elecciones parlamentarias del 7 de junio, viéndolo como un socio clave para la cooperación a largo plazo. Esta movida ocurre en un momento en que Rusia pierde influencia en la región debido a su guerra en Ucrania, abriendo espacio para la presencia económica y diplomática estadounidense.
Más allá de lo nuclear, Vance anunció exportaciones de chips avanzados de alto rendimiento a Armenia, destinados a centros de datos en construcción, lo que posiciona al país caucásico como posible alternativa en la cadena de suministro global de semiconductores. Inversiones en infraestructura clave también forman parte del paquete, integrando a Armenia en redes comerciales regionales. Estos anuncios subrayan una estrategia integral de EE.UU. para contrarrestar dependencias como la de Taiwán en tecnología crítica.
La decisión de Armenia por reactores modulares estadounidenses ha generado reacciones, como dudas expresadas por Rusia sobre su viabilidad, reflejando la competencia geopolítica en el sector energético. Sin embargo, el acuerdo refuerza la soberanía energética armenia; reduciendo vulnerabilidades ante proveedores externos y promoviendo una transición hacia tecnologías modernas. Para el sector nuclear global, representa un avance en la adopción de SMR, que prometen menor huella ambiental y despliegue más rápido.
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