Un ataque registrado este 18 de marzo contra el campo de gas South Pars —el más grande del mundo— y bombardeos previos en la Isla de Jark, principal centro de exportación petrolera de Irán, intensificaron la crisis energética en Medio Oriente, con implicaciones directas para el suministro global de hidrocarburos.
Agencia internacionales informaron que las instalaciones del yacimiento South Pars —ubicado en el Golfo Pérsico y compartido con Qatar— fueron alcanzadas en un ataque que autoridades iraníes atribuyen a Israel. Los reportes coinciden en que se registraron incendios en plantas de procesamiento de gas y afectaciones operativas parciales.
De acuerdo con el sitio Axios, que cita a dos funcionarios israelíes, el ataque habría sido coordinado con la administración del presidente estadounidense Donald Trump; sin embargo, esta información no ha sido confirmada.
South Pars es un activo estratégico para Irán, ya que aporta entre 70% y 80% del gas natural que consume el país, destinado principalmente a generación eléctrica, industria y consumo doméstico. El yacimiento forma parte de la mayor reserva de gas natural del mundo, compartida con Qatar.
Bombardeos previos en Isla de Jark
El ataque ocurre días después de bombardeos reportados el 13 de marzo de 2026 en la Isla de Jark, un enclave por el que transita la mayor parte de las exportaciones petroleras iraníes, estimadas en hasta 90% del total nacional, de acuerdo con análisis energéticos citados por Reuters.
Aunque el gobierno de Estados Unidos señaló que las operaciones estuvieron dirigidas a objetivos militares —como instalaciones vinculadas a misiles—, la cercanía con infraestructura energética encendió alertas sobre posibles afectaciones al flujo de crudo iraní hacia los mercados internacionales.
Energía como eje del conflicto
Los ataques marcan un punto de inflexión al involucrar infraestructura energética crítica, un tipo de objetivo que históricamente se había evitado por su impacto potencial en la estabilidad de los mercados globales, señalaron analistas del sector energético citados por Reuters.
Tras los hechos, los precios del petróleo (Brent) subieron más del 4%, superando los 105 dólares por barril, según reportes de mercado. Ahora existe el riesgo de una posible escalada que afecte rutas estratégicas de transporte.
En este contexto, el estrecho de Ormuz —por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial— vuelve a colocarse en el centro de la tensión geopolítica, ante advertencias de Irán sobre posibles represalias.
Contexto político y militar: Israel, Irán y Estados Unidos
La escalada se enmarca en el conflicto entre Israel e Irán, con respaldo estratégico de Estados Unidos a las operaciones israelíes. Desde finales de febrero de 2026, ambas partes han intensificado ataques contra objetivos militares y estratégicos.
En los últimos días, el gobierno iraní ha advertido que podría responder con acciones contra infraestructura energética en otros países del Golfo, lo que incrementa el riesgo de una expansión regional del conflicto.
Además del impacto energético, analistas mencionan que es probable que el conflicto tenga efectos económicos y sociales, como presiones inflacionarias globales y un deterioro en la estabilidad regional, en caso de una prolongación de las hostilidades.
El ataque a South Pars y los bombardeos en la Isla de Jark consolidan un frente en el conflicto: el energético. La posibilidad de que instalaciones clave continúen siendo objetivo militar introduce un factor de alta volatilidad en los mercados y eleva la preocupación sobre la seguridad del suministro global.
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