Francia mantiene confianza en obtener la luz verde de la Comisión Europea para su plan de construcción de seis nuevos reactores nucleares valorado en 72 mil 800 millones de euros; a pesar de la investigación formal abierta por Bruselas sobre las ayudas públicas destinadas a EDF. El proyecto estratégico renovará el envejecido parque nuclear galo, añadiendo 9 mil 990 MW de capacidad limpia en las centrales de Penly, Gravelines y Bugey, con entrada en operación prevista entre 2038 y 2044.
La notificación oficial llegó en noviembre de 2025, incluyendo préstamos a tasas preferenciales que cubrirán el 60% de los costos de construcción, contratos por diferencia y mecanismos de reparto de riesgos financieros para mitigar la incertidumbre de proyectos a tan largo plazo. Francia defiende que estas medidas son esenciales para garantizar la soberanía energética europea frente a la creciente demanda impulsada por electromovilidad, IA y descarbonización industrial.
Sin embargo, la Comisión Europea, liderada por Ursula von der Leyen, teme que el esquema transfiera riesgos excesivos al Estado francés y consolide la posición dominante de EDF —propietaria del 100% del parque nuclear galo— en el mercado energético continental. Bruselas evalúa si las subvenciones distorsionan la competencia, especialmente beneficiando a filiales específicas de EDF en detrimento de alternativas renovables o proveedores europeos.
Un alto funcionario del Ministerio de Energía francés aseguró que la revisión avanzará rápidamente sin retrasar los cronogramas, subrayando que cada país mantiene libertad para definir su mix energético —nuclear en el caso galo—. Fuentes oficiales destacan que investigaciones similares sobre proyectos complejos son procedimiento estándar y no implican rechazo automático.
El plan llega en momento crítico: Francia genera el 70% de su electricidad nuclear, pero enfrenta desafíos por reactores envejecidos y retrasos en proyectos previos como Flamanville. Estos seis EPR2 representan la columna vertebral de la meta net zero 2050, posicionando al país como líder europeo en energía despachable libre de carbono frente a la intermitencia solar/eólica.
Para México y Latinoamérica, el caso francés ofrece lecciones valiosas: cómo estructurar inversiones masivas en infraestructura energética bajo escrutinio regulatorio internacional, equilibrando seguridad de suministro con transición verde. La resolución podría acelerar financiamientos multilaterales para proyectos similares en la región.
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