Santiago Barcón
CEO de PQ Barcon
En la edición de noviembre de Energía Hoy escribí: “2 de octubre no se olvida. En el sector energético el 3 de octubre tampoco (ni el 7, 9, 14,17, 23 y 31)” donde expuse la magnitud de los cambios y el posible impacto que tendrían. No resultaba muy complicado tener voz de profeta, pero da gusto ver que se materializa.
En primer lugar, los permisos de generación están fluyendo, inclusive los que se solicitaron bajo la legislación anterior, conocida por su acrónimo LIE. Estas acciones y su flexibilidad dan celeridad al cambio, evitan repetir trámites burocráticos que nada aportan e incentivan a los inversionistas.
En segundo sitio, las facilidades de generación, sin inyección a la red, entre 0.7 MW y 20 MW permite el contar con energía en varios desarrollos que no contaban con ella y apoyar a los que ya bien les vendieron el que contaban con energía -sin que existiera- en su predio o ya bien ni siquiera lo revisaron. Me comentan diversos desarrolladores que han mandado ofertas para energía firme y que la cogeneración no ha despegado.
Me parece normal, este tipo de tecnología toma bastante más tiempo en desarrollarse. Aunemos que, aunque el impacto al medio ambiente es fenomenal, una disminución importantísima de CO2 emitida al medio ambiente, contra la compra de energía, en varias empresas los miden por no quemar gas. Craso error de confundir los conceptos y ver el árbol y no el bosque.
Continuemos, en tercera posición, con que la venta de KVA’s tenderá a desaparecer y sus precios disminuirán.
Como cuarto, que las empresas constructoras y de ingeniería se encuentran ávidas de ingenieros y técnicos. Muchos abandonaron el sector, pero no se fueron tanto tiempo para que no quede el conocimiento vigente.

Finalmente, en quinto sitio, pero sumamente relevante, que el efecto multiplicador para la economía es muy importante. Por cada peso invertido se generan entre 1.8 y 2.5 pesos para el PIB en la fase de construcción y 1.2 a 1.6 en operación. Esto ya es muy significativo, pero el impacto indirecto también es clave porque reduce los costos marginales para la industria, aumenta la confiabilidad eléctrica y, como cereza en el pastel, habilita la inversión industrial secundaria.
Ya están las bases ahora, ¿qué debemos hacer?
Iniciemos con el empezar a tener una visión optimista del futuro. A pesar de lo ya descrito, hay muchas voces que lo ven limitado e insuficiente. ¡CFE el 54 %! Pero omiten el mencionar que el 60 % del consumo es industria y comercio que deben de ser sus mercados objetivos. Muchos, principalmente extranjeros, hicieron apuestas irracionales al crecimiento del sector hace dos lustros y quedaron con pérdidas, lo que los inoculó para invertir en México. La prudencia no cabe en las burbujas.
Continuemos que hay que aplicar toda la legislación. No solo generación, sino las obligaciones de todos los participantes del sector, en particular los usuarios, los Centros de Carga, que siguen haciendo caso omiso de sus obligaciones, en particular en el Código de Red. Desde, “Ya no aplica porque la CRE desapareció” hasta: “No moveré nada hasta que no inicien las inspecciones”, Lamentable posición, máxime cuando se lamentan como magdalenas de las acciones del gobierno.
En tercer sitio volver a exigir más a los alumnos. Ya sé, los tiempos cambian, pero estamos creando técnicos e ingenieros muy limitados, con un criterio mínimo. Un ejemplo de casa: una ingeniera que estuvo dos semanas en la planta en capacitación, le pedimos revisara un banco de capacitores fijo. Dijo que estaba bien… cuando no estaba aún alambrado.
Termino citando a François-Marie Arouet, alias Voltaire: “Lo mejor es enemigo de lo bueno” Vamos a dejar de ver para atrás, de ambos bandos, y a construir un mejor México.
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