José Alberto Llavot
Gerente de Preventa y Desarrollador de Negocios en Schneider Electric para México y Centroamérica
La inteligencia artificial ya no es solo una disrupción tecnológica, sino una transformación energética de gran escala. Una sola consulta de IA puede requerir hasta diez veces más electricidad que una búsqueda tradicional en internet. Como resultado, se estima que hacia 2030 los centros de datos podrían concentrar alrededor del 3% del consumo eléctrico global, casi el doble de su participación actual y con un crecimiento cuatro veces mayor al del resto de los sectores. Este aumento sostenido está generando un reto térmico que supera las capacidades para las que fueron diseñados los centros de datos tradicionales.
El cambio hacia infraestructura de alta densidad con enfriamiento líquido
Las cargas de trabajo de IA están impulsando un incremento acelerado en la densidad de potencia por rack. Actualmente los centros de datos operan a menos de 15kW por rack mientras que los racks basados en GPU ya alcanzan alrededor de 132 kW. Las siguientes generaciones de hardware elevarán esta cifra hasta 240 kW por rack, y la industria ya se prepara para escenarios futuros cercanos a 1 MW. A estos niveles, el enfriamiento por aire deja de ser viable, especialmente por la alta concentración de calor que generan los aceleradores de IA.
Enfriamiento líquido a escala y la ecuación de la sostenibilidad
Ante este contexto, el enfriamiento líquido se posiciona como una solución crítica. Al extraer el calor directamente en el chip, puede ser hasta 3,000 veces más eficiente que el aire. Además de permitir mayores densidades, esta tecnología ofrece beneficios ambientales relevantes. En comparación con esquemas tradicionales, puede reducir el consumo energético entre 30% y 60% y, dependiendo del diseño, operar con un uso mínimo o incluso nulo de agua, un factor clave en regiones con estrés hídrico.
Diseño sostenible y decisiones clave para centros de datos de IA
La sostenibilidad en centros de datos de IA no depende de una sola tecnología, sino de un conjunto de decisiones de diseño y operación. Uno de los factores con mayor impacto es la temperatura de operación. Estudios muestran que, en centros de datos con cargas de 40 kW por rack, elevar gradualmente la temperatura puede generar reducciones energéticas relevantes, tanto en sistemas que no utilizan agua para disipar calor como en aquellos que sí lo hacen, con beneficios adicionales en la disminución del consumo hídrico según el clima local.
El tipo de sistema utilizado para liberar el calor al exterior también resulta determinante. Las arquitecturas que aprovechan el aire ambiente permiten operar con un uso de agua prácticamente nulo, a diferencia de esquemas tradicionales que requieren bombeo y tratamiento constante. A esto se suman la selección de componentes eficientes, sistemas de control integrados y programas de mantenimiento que aseguran un desempeño estable y reducen el impacto ambiental a lo largo del ciclo de vida.
Un plan para preparar la infraestructura del futuro
La transición hacia el enfriamiento líquido requiere planeación coordinada entre los equipos de TI y de infraestructura física desde las primeras etapas. Diseños flexibles, capaces de combinar aire y líquido, facilitan la adopción progresiva de nuevas generaciones de hardware. Asimismo, la colaboración temprana con fabricantes, integradores y especialistas en infraestructura resulta clave para implementar soluciones alineadas con objetivos de disponibilidad, eficiencia y sostenibilidad.
En la era de la inteligencia artificial, el enfriamiento deja de ser un servicio de soporte para convertirse en un habilitador estratégico. El enfriamiento líquido no solo responde a las exigencias térmicas de la IA, sino que impulsa eficiencias energéticas, reduce el consumo de agua y apoya los compromisos ambientales de las organizaciones. Con una estrategia integral y alianzas adecuadas, los centros de datos pueden construir la infraestructura resiliente y sostenible que demanda el futuro impulsado por la IA.

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